Clips a la bici: caída garantizada

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Por Oso Oseguera*

Todo mundo me lo dijo: “Te vas a caer”. Descreí. Y ahí anduve, busque y busque unos pedales con clip que fueran cómodos y no tan caros. Hallé unos muy prácticos: de un lado del pedal traen el sistema para atorarlos al zapato (Shimano SPD) y del otro lado son planos para poder rodar con cualquier tipo de calzado. Estupendo, pensé. Y por un rato, mientras encontraba unos zapatos que me gustaran y que estuvieran a buen precio, rodé así, por el lado plano por un par de semanas o hasta 3 (que es mucho cuando andas con la calentura de probar el sistema). Además, en México la oferta de zapato no tan deportivo con clip para pedal no es fácil de hallar. Y no quería encargarlos por Internet a EU porque se iban a tardar y ya me andaba por pedalear con harta eficiencia.
Finalmente encontré unos zapatos, más o menos de mi total agrado, los adquirí y me tardé unos días en ponerle los clips. ¿Por qué? Miedo. Ya me habían dicho: “Te vas a caer… es inevitable”. Y sí, me dio frío.
Así que finalmente se los puse y salí a un mandado al centro de la ciudad. Apenas dos kilómetros. En cuanto se atoraron los pies al pedal ya sentía yo que rodaba por el mismísimo Tourmalet en los Pirineos franceses, me sentía un auténtico campeonísimo del Tour de France. Qué delicia. Además me veía bien “pro”. Llegué al primer semáforo y zafé bien los pies. Así anduve perfecto hasta que llegué al centro. Me puse detrás de un Metrobús, se detuvo intempestivamente, frené con suavidad –no venía tan rápido- pero no zafé los pies (se me olvidó, me agarró desprevenido el amarrón) y como de caricatura, después de estar suspendido apenas unos segundos en el aire, caí sobre mi lado izquierdo. Al ir cayendo traté de zafar y solo conseguí enredar mi pie en la salpicadera delantera. Hice el ridículo a las 6pm de la tarde en el centro de la ciudad, un auténtico «osazo». Me levanté como si nada, no volteé a ver a nadie, sacudí mi bici, mi hombro y retomé la marcha. No me pasó nada, ni siquiera se manchó mi ropa. Fiuuuu, pensé. Pero ya me lo habían dicho.
***
Los días siguientes pude acomodarme más fácil a mi novedad en la bici. Hasta que otra vez, de la nada, se frenó un camión de pasajeros, para evitar el empellón de un motociclista que venía detrás de mí muy pegado, giré a la derecha para pegarme a la banqueta (circulaba entre el carril derecho y el siguiente), vi una rampa para subir a la banqueta y decidí subir. De la nada, y es que el camión no me permitió ver más adelante apareció un peatón… ahhgg, no pude destrabar ninguno de los pies. Ya estaba sobre la banqueta y volví a caer. Esta vez con inercia y al arrollo vehicular, es decir, de más alto. Consecuencias: rodilla y pantorrilla raspadas, golpazo en el hombro e incluso en la parte lateral de la cabeza. Siempre llevo casco, así que la testa salió bien librada. Ando adolorido del hombro y el raspón en la rodilla me recuerda mis años de niño cuando así andaba todo el tiempo. Gajes del oficio de los clips. Seguiré informando.

* El autor no se amedrenta de estas dos caídas. Aprenderá, como todos los demás ciclistas urbanos que van por la vida, a zafar los pies: primero del tobillo y luego la punta. Así, como ballerina, con gracia y circunstancia.

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