¿De quién es la calle?

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Por Oso Oseguera*

Y a todo esto, ¿de quién es la calle? En serio, a quién le pertenece. A lo mejor retomando el ejemplo de la vida en condominio ayuda. En un edificio las áreas comunes son de todos y de nadie. Estos espacios no pueden ser dañados, alterados o invadidos. Sin embargo, en la calle, todo eso ocurre. En las banquetas puede haber puestos, jardineras que impiden el establecimiento de estos locales, en la calle hay botes, cubetas, huacales y ahora hasta colocan desde la banqueta postes pequeños que resguardan un lugar para que no se estacione nadie más que el dueño de ese espacio. Vamos, hay quienes rentan el espacio a razón de 30 pesos para dejar el automóvil. En todos estos casos, alguien se adueña de alguna porción de la calle.
El otro día al ir rodando por la calle un taxiste me increpó: “Has de ser dueño de la calle, cabrón”. ¿Por qué me lo dijo? Porque sobre la avenida que circulábamos, yo en el carril de la extrema derecha, él en el siguiente carril a la izquierda. Al cruce de una avenida, la senda se bifurca: yo seguiría por mi carril y él tenía que abrirse a la derecha. Como tuvo que esperar a que yo pasara -porque yo iba ligeramente adelantado-, le pareció que yo era un estorbo, una molestia de 8 segundos, que no tenía porque importunarle su camino.
Así que molesto le contesté: “Pues entonces ha de ser tuya, pendejo. Lee el reglamento de tránsito para que te informes”.
Y sí, como en los edificios y como en la vida la costumbre y los malos hábitos son difíciles de desarraigar. Los primeros caminos con lo que luego se asfaltaría se hicieron para las bicis (finales de 1800), pero al poco tiempo llegó el auto y gandallamente se adueñó del espacio público. Las autoridades le dieron prioridad sobre todos los demás elementos de la movilidad. En México, en particular, el peatón fue desdeñado y arrumbado, que ni se le ocurra cruzar cuando viene un auto, porque o corre o espera a que pas. Al cruzar tiene que sortear autos, en la banqueta debe eludir coladeras abiertas, postes a medio paso, cabinas telefónicas, y ahora hasta ciclistas ignorantes y prepotentes que creen que pueden rodar por ahí. Recientemente en tuiter los cilistas en las banquetas de Reforma dieron la nota. Muy equipados, muy “pros”, pero muy atarantados.
La calle es de todos y hay que respetar el escalafón: primero el peatón, luego la bici, luego el transporte público y al final de la cola el auto. Hoy, en la Ciudad de México, vivimos invertida esta pirámide.
En 2011, en Nueva York hicieron este video para “educar” a los ciclistas imbéciles que ruedan por las banquetas.

* El autor no se siente dueño de ningún pedazo del asfalto. De todas formas está cacarizo, reventado, percudido y lleno de escupitajos y excremento de perro. No, para qué querer un trozo de esas calles.

 

1 Comment

  1. Sergei kalashnikov says:

    En el Df es mas que obvio, la calle le pertenece al que tiene el vehiculo mas grande y pesado.

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