El ex alcalde que quería una bicicleta

Antanas-Mockus

No hay ciudad sin ciudadanía. Bajo esta premisa, perfila una urbe ideal en la que ciudadanos se regulan unos a otros.
Cuando Antanas Mockus tenía seis años de edad le pidió a sus padres, dos inmigrantes lituanos que llegaron a Colombia a finales de los años 40, una bicicleta. Era 1958 y, en ese entonces, el pequeño Antonio -como de vez en cuando le llama Nijole, su madre- no sabía que ese artefacto se convertiría en algo más que un simple medio de transporte.
Tuvo que esperar varios años antes de que su tío, quien tras la muerte de su padre los recibió en Australia, le regalara su primera bicicleta, misma que abandonó para irse junto con su familia a Francia, en donde estudió filosofía.
Ahí, Mockus compró una nueva, esta vez de mujer; él y su hermana la utilizaban para llevar a su madre las materias primas que necesitaba para hacer las vajillas, los floreros y los ceniceros con los que mantenía a la familia.
Así, la bicicleta fue cobrando múltiples significados para Antanas: pasó de ser un medio de transporte a un insumo de trabajo, un símbolo de rebeldía o radicalismo y, finalmente, sin preverlo, se convirtió en el elemento que lo haría un personaje conocido, primero en Colombia y después en todo el mundo.
-Para mí fue, ante todo, un medio de trabajo racionalmente adecuado a las distancias, significaba autonomía… incluso, una cosa clave es el ejercicio, otra cosa es la compañía con quien uno puede disfrutarla.
En la universidad era un símbolo de radicalismo distinto, los amigos de la bicicleta éramos radicales en la confrontación socialismo-capitalismo, y era algo mucho más simple: era si valía la pena llevar 500 o 700 kilos de hierro para cargar 50 kilos de humanidad -recuerda.
En 1990 fue electo rector de la Universidad Nacional de Colombia y, bajo el principio de «recomendar soluciones que uno mismo tomaría», una de sus primeras acciones fue impulsar el uso de la bicicleta trasladándose en ella todos los días de la casa de su madre, en donde vivía, a su oficina. Esta sencilla acción lo dio a conocer en todo el país.
La imagen del rector pedaleando mientras sus escoltas lo seguían en el Mercedes Benz blindado de la Rectoría le forjó la imagen de un funcionario público poco convencional.
Hoy, con un Parkinson declarado por él mismo desde 2010, está retirado de la política y de la bicicleta. A pesar de eso, el ex alcalde de Bogotá sigue defendiendo los beneficios de este medio de transporte.
De visita en la Ciudad de México, en donde participó en el festival internacional de Arquitectura y Ciudad Mextrópoli, Mockus se explaya hablando de la bicicleta.
Montado en ella entendió que mientras un ciudadano no aprenda a avergonzar a otro por las malas acciones que realiza, las políticas públicas y las grandes obras de infraestructura serán insuficientes para hacer de las ciudades un lugar amigable para vivir.
Mockus confiesa que Ecobici, y la construcción de ciclovías, es la política pública que más le gusta del Distrito Federal y, de hecho, es el programa que más conoce cuando se le pide evaluar las acciones instrumentadas por la izquierda tras 17 años de gobernar la capital del país.

Ciudad con ciudadanía
Antanas Mockus no deja de moverse: cruza la pierna, se acomoda en la pequeña silla de la cafetería del hotel en el que se hospeda y de vez en cuando se lleva la mano a la cabeza para tratar de acomodar los cabellos que le pican los ojos.
Son las cinco de la tarde y ya luce cansado; a pesar de ello, habla ampliamente sobre las ciudades, la calidad de vida en ellas, su experiencia como ex alcalde de Bogotá y los viajes que ha realizado desde que dejó la política y se dedicó a recorrer el mundo dando conferencias.
Dice estar convencido de que la cultura ciudadana es la mejor alternativa para las grandes ciudades, pues en la medida en la que ésta se refuerce, la fuerza pública y las medidas coercitivas, como el uso de la cárcel, dejarán de ser lo más importante en las acciones de gobierno.
De alcalde a conferencista Considerado junto con Enrique Peñalosa (su sucesor en la alcaldía de Bogotá) uno de los políticos locos y excéntricos que le dieron un nuevo rostro a la capital de Colombia, Mockus habla de su experiencia reencauzando hábitos de la ciudadanía. -Uno de los grandes éxitos de Bogotá fue, con la tarjeta ciudadana, atacar comportamientos y no
personalidad o identidad; o sea, yo no le digo mala ciudadana, traidora de Bogotá o maleducada, le digo: «el comportamiento que acabas de hacer es indebido, es una falta, yo por lo demás supongo que usted es una persona honrada, cometió una falta, corríjala» -detalla.
El ex alcalde se refiere a unas tarjetas que por un lado eran blancas y por el otro rojas; éstas eran entregadas a los automovilistas quienes, simulando a un árbitro, las mostraban a otros conductores que incurrían en alguna falta (tarjeta roja) o en una buena acción (tarjeta blanca).
Esta medida, junto con el uso de mimos que se burlaban de los conductores y peatones que incurrían en actitudes poco cívicas, tuvo resultados: al final de su administración el tráfico en Bogotá, una ciudad de 7.7 millones de habitantes, era soportable.
Político, filósofo y matemático, el colombiano considera que si bien el castigo funciona como un mecanismo para obligar a algunas personas a cumplir las normas sociales, éste no puede ser el eje de las políticas públicas.

Independiente
En enero de 1995 fue electo alcalde de Bogotá -el primero postulado como candidato independiente en la historia de la ciudad-; renunció en 1997 para lanzarse como candidato a vicepresidente por el Partido Conservador Colombiano en fórmula con Noemí Sanín, representante de la clase política tradicional. Tras el fracaso en esos comicios, volvió a competir para la alcaldía de Bogotá.
Fue reelecto para el periodo 2001-2003 por el Partido de los Visionarios, creado por él.
En los dos periodos en los que fue alcalde, se empeñó en cambiar a sus gobernados a través de métodos pedagógicos que tenían como objetivo hacerlos entender que eran ellos el principal agente de cambio.
Como alcalde, la sociedad esperaba que los problemas de violencia y corrupción que por décadas habían hundido a Bogotá fueran atendidos con programas de gobierno tradicionales, como el uso de la fuerza pública y de la cárcel.
No obstante, Mockus -quien tenía fama de académico algo desadaptadoemprendió una serie de campañas que apelaban a la conciencia, la educación y el reaprendizaje de los ciudadanos.
Así, promovió «campañas de vacunación en contra de la violencia», redujo el consumo de alcohol invitando a los bogotanos a convertirse en «zanahorios» -personas que no necesitan embriagarse para divertirse- y redujo el número de accidentes viales pintando estrellas negras en los lugares en donde habían ocurrido accidentes mortales, con lo que se hizo famosa la frase «maneja con precaución si no quieres convertirte en una estrella negra».
Las técnicas pedagógicas del político colombiano quedaron de manifiesto incluso cuando se trataba de proteger su propia vida. Cuando las FARC lo amenazaron de muerte si no renunciaba a la alcaldía, en lugar de reforzar su seguridad, mandó a hacer un chaleco blando con un hueco en el corazón.
A decir de Mockus, con ello quería exponer lo absurdo que resultaría atacar a alguien que se negaba a defenderse.
Aunque sus estrategias generaron en un primer momento indignación y burlas, a la larga mostraron su efectividad en indicadores concretos: aumentó la seguridad, se redujo la tasa de homicidios, el tráfico se hizo soportable y, debido a la confianza que inspiraban sus programas, 63 mil familias accedieron a pagar voluntariamente 10 por ciento más del impuesto predial que les correspondía.
En 2006 buscó la Presidencia de Colombia como candidato del Partido de la Alianza Social Indígena, y en 2010 volvió a postularse, esta vez bajo la bandera del Partido Verde Colombiano. Fue derrotado por Álvaro Uribe y, poco después, hizo público que sufre de principios de Parkinson.
En vez de censurarlo, la opinión pública lo vio como un gesto de honestidad y saturó su página de Facebook con comentarios como «a Mockus le puede temblar la mano, pero no le tiembla la moral».
A partir de entonces, se ha dedicado a recorrer el mundo, sobre todo América Latina, difundiendo los principios de lo que para él es la mejor política pública: la cultura ciudadana.

El DF, a juicio de Mockus
El ex alcalde de Bogotá advierte que no conoce a fondo todos los programas implementados en la Ciudad de México. Aun así, acepta calificarlos, uno a uno, a la luz de su experiencia.

Ecobici
Me gusta mucho todo lo que se ha hecho en la Ciudad de México con el tema de las ciclovías. Alrededor de la bicicleta hay una nueva rebeldía socialmente muy útil; de hecho, cuando alguien se baja del carro y se monta en bicicleta le genera mayor movilidad.

Metrobús
Este tipo de transporte sí funciona. Es un sistema muy eficiente que por recurso asignado produce efectos muy buenos; sin embargo, tiene que ser combinado con otros modos de mejora, probablemente por el lado de líneas de Metro, por líneas de ferrocarriles y por otro lado por un sistema que permita
más ramificaciones.

Segundos pisos
¿Todo el mundo en carro?
Nuestras ciudades no están diseñadas para eso; la parte de abajo de los edificios se deteriora, la contaminación es muy abrumadora y el método es muy ineficiente.

Vialidades de peaje
Hay una solución que es económicamente defendible, que es que los que usen las vías paguen no sólo lo que cueste construir la vía, no sólo todo lo que cueste mantenerla, lo que cueste operarla, sino además una especie de multa por usar las vías, sólo así se puede garantizar que se desarrolle a los automovilistas sus vías.
Ampliación de derechos (Bodas entre personas del mismo sexo, aborto, eutanasia) Son puntos de clara transición moral de la humanidad, en otro momento fue el divorcio, en otro momento fue la contracepción.
Son momentos muy lindos, muy dramáticos para mucha gente, donde se traza una especie de línea divisoria muy tajante.

Programas asistenciales (Prepa Sí, Pensión Alimentaria para Adultos Mayores, pensiones madres solteras)
Lo que también funciona es la combinación de cierto acompañamiento y ciertas metas de familia o de persona con estos incentivos externos.
Funciona bastante bien el aplazamiento en el tiempo.
Y sobre la legalización de la mariguana…
Hay que tomar muy en serio lo que está haciendo (José) Mújica -presidente de Uruguay- y su filosofía de que si nos damos cuenta que nos equivocamos, nos devolvemos. La principal objeción que he visto es ¿qué tal que eso se vuelve un no retorno?
Entonces hay que comprometernos a decir: «si se dan consecuencias tangibles, medibles, nos toca decir a la gente así como dimos luz verde, que le damos luz roja», porque no queremos que la gente se autodestruya.
(Por Martha Martínez, de Reforma)

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