El ojo avizor de la calle

Mi primer recuerdo de una bicicleta es borroso y trágico. A mis 8 o 9 años tenía prohibido subirme a ellas. Conseguí una prestada y cuando rodaba por las calles de la apacible colonia de mi infancia se me emparejó un auto, del lado del copiloto bajaron el vidrio y mi tía sacó la cabeza para decirme que era un “niño cabezón” y que me iba a acusar con mi papá. Se adelantó el auto. En el afán de querer llegar antes que ella a casa –faltaban como tres calles– apreté el paso, pero lo hice todo mal y me caí. Ahí está mi recuerdo borroso y trágico. Me abrí la cabeza, me raspé un brazo y la pierna. Llegué tarde a casa y lesionado; de toda formas me regañaron.

@osoweb recorre la ciudad

Volví a la bici, esta vez la mía, pues ya era mayor de edad, 10 años después, cuando ingresé a mi primer trabajo. Recorría el entonces Distrito Federal desde Lindavista hasta Anzures. No había ciclovías ni nada parecido. Rodaba por la lateral del Circuito Interior. Un día me dio un “empujoncito” un camión de aquellos llamados de la Ruta 100. Así que volví a dejar la bici.
Reincidí hace 8 años. Esta vez en San Francisco, California. Me compré una bici y me la traje al DF. “México no es San Francisco”, me dijo mi esposa esa vez. “Y tienes, razón, pero va a cambiar”, le respondí, sin saber lo que decía.
Y sí, el DF se volvió la CDMX, pusieron ciclovías, se inauguró el sistema de transporte público de bicis –Ecobici–, llegó el Metrobús, se invirtió –al menos en el reglamento– la ecuación de poner en primer lugar al peatón, se cerraron calles del Centro Histórico y se hicieron peatonales y hasta se creó la Secretaría de la Movilidad. “La ciudad cambió”, me digo.

Camino a la oficina en día nublado

Sí, aún falta mucho. Como dijo Saúl Ménem, ex presidente argentino: “Estamos mal, pero vamos bien”. Y para constatar las cosas buenas que han ocurrido en la ciudad, Rodrigo Díaz, arquitecto y experto en temas de movilidad y paisaje urbano, se sentó frente a los micrófonos de De otro modo y charló con Roberto Morán y conmigo –Oso Oseguera– para desentrañar lo que su aguzado ojo descubre paso a paso por esta ciudad y compararlo con lo que ve en otras urbes como Sao Paolo, Buenos Aires o Santiago.
Rodrigo ha dejado testimonio de sus caminatas en su blog y en su cuenta de Twitter, donde se autodenomina @Pedestre y dice que está condenado a caminar.
Rodrigo nos llevó por un paseo de sorpresas, datos de la movilidad y tips para los ciudadanos, gobernantes y ciclistas de cómo disfrutar la ciudad y tener mejor calidad de vida. Acá los dejo con esta movida charla.

 

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