Esa horrible sensación

Vas saliendo de tu cita, te aproximas al sitio donde dejaste la bici encadenada, aún no la ves y te preguntas: ¿estará donde la dejé, estará completa? Ah, qué horrible sensación.

Por Oso Oseguera*

Soñé que me robaban mi bici. Salía de una cita y me aproximaba a la “u” invertida, donde estaba otra bikla. Me entretenía buscando las llaves del candado en la mochila, mientras el otro ciclista tomaba su bici y partía. En eso me di cuenta que sólo estaba la llanta de mi bici, eso sí, muy encadenada a la “u”. Me maldecía mil veces por haber cometido ese error inconmensurable.

Pero ahí junto estaba una camioneta estacionada y el tipo que la conducía, un infeliz de súper mal aspecto, me decía: “¿Cuánto vas a pagar por recuperar tu bici”? Y me hacía una seña para que viera que en la parte trasera la tenía. Obviamente, me sacaba de onda y le decía que no traía dinero. Total que me sacaba 600 pesos y recuperaba mi cleta. Fin del sueño.

Esto me hizo reparar en esa horrible sensación que padecemos los ciclistas. Me refiero a la de haber llegado a un lugar, encadenar la bici, realizar tus tareas y justo cuando vas de salida, antes de llegar a donde la dejaste o antes de tenerla a la vista, se te cruza el pensamiento macabro: ¿estará donde la dejé, estará entera?

Debo decirles que este mal no es exclusivo ni de México ni de los países en desarrollo (como eufemísticamente les llaman). El fenómeno de los “ratas” de dos patas se da por doquier. En Estados Unidos se roban hasta los sillines y hay cables que aseguran estos firmemente al cuadro. Por acá aún no veo esto, pero no tardará. Ya ven que somos bueno pa’ lo malo, decía mi abuela.

De vuelta a la horrible sensación, esos instantes en que no ves la bici y una vez que se asoma son eternos, angustiantes, ya estás pensando en cómo volverás a casa sin bici, en qué diantres harás días y días sin cleta. Qué ganas de sufrir, pero no es que el ciclista sea desconfiado, las caídas y las “ratas” lo han vuelto de piel sensible.

Para bajarle un poco la intensidad a la “sufridera” recomiendo que si pueden dejar encargada la bici con alguien, además de dejarla bien encadenada, lo hagan. La propina puede ser de 5 pesos y muy generosos de 10. Total, se trata de que ellos nomás “le echen un ojo”. No se fíen de calles muy transitadas. De Bucareli y Reforma se roban las bicis. No son seguras. En cambio, si hay un puesto (de dulces, de garnachas, de periódicos, etc.), pónganse a mano con el dependiente y encárguenle la bici. Su corazón, su bolsillo y sus futuras rodadas lo agradecerán.

* El autor es nerviosito e incluso en los Sanborns deja encadenada su bici y le da una propina generosa al cuidador. Así puede ahorrarse milisegundos de sobresaltos.

 

2 Comments

  1. Adrián says:

    Pstttt, cállate los ojos que tienes toda la boca llena de verdad. Muy bien Oso. Yo vivía con esa horrible sensación, hasta que me robaron mi bici jaja, ahora la bici que tengo no vale ni un tercio de lo que valía la otra. Saludos BM-DF.

  2. Marissa says:

    ¡Ay, Oso! Qué sueño tan horrible. Pero más horrible aún la idea de dejar encargada la bici… Es decir, ¿te imaginas que surja una plaga de “franeleros” cuidadores de bicis? ¡Noooooooooo! Te mando muchos besitos :*

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