La bicicleta no es conveniente

No al menos como está concebida y practicada de manera masiva aunque minoritaria actualmente. La bici no genera economías de escala, no recauda impuestos, no necesita grandes equipamientos, no hace industria, no requiere grandes obras públicas, no provoca guerras, no incrementa los gastos en sanidad ni en farmacología, no acusa los vaivenes interesados de la moda, no necesita financiación, no obliga a contratar seguros, no ocupa grandes espacios, no necesita una regulación del tráfico excesiva, no alimenta la prisa ni la aceleración, no consume prácticamente nada. Es por todo eso por lo que la bicicleta no tiene crédito en una sociedad que continúa abrazada, aferrada, a un sistema que se tambalea y que hay que mantener a cualquier precio.

En esta lógica de consumo, independencia, competitividad, productividad, rentabilidad, especulación, aceleración, deslocalización, globalización, dependencia energética, endeudamiento y miedo, la bicicleta no representa sino austeridad, socialización, solidaridad, economía, ecología, durabilidad, proximidad, cercanía, tranquilidad, eficiencia energética y confianza, que la colocan en la antítesis de lo que predica la lógica imperante e imperativa.

No es de extrañar entonces, que todo lo que se haga por la bicicleta sea pura propaganda, puro teatro, pura fachada. Porque es bonito decorar una ciudad con bicicletas, siempre que se preserve el orden establecido que es el de la velocidad, la prisa, el menosprecio del entorno, el dinero, la usura y la desconfianza. Así bici pública, carril bici, ciclovía, registro de bicis o aparcabicis, adornan el decorado y proveen una imagen amistosa que esconde la negación de oportunidades reales a la bici privada, su circulación preferente por el viario urbano, su normalización, la persecución real del robo y la dotación de aparcamientos seguros domésticos y en destino.

Sigamos jugando al circo de la bici, ese que llena la ciudad de iconografía ciclista y que hace de la bicicleta un juguete interesante y seguiremos difiriendo la verdadera alternativa de la bicicleta como vehículo con plenos derechos y obligaciones para construir ciudades más amables.

Mientras tanto, los que trabajamos para que la bicicleta tenga oportunidades reales en el escenario actual y en el futuro aparecemos como ilusos que, mientras nos movamos en círculos marginales y no seamos demasiado influyentes seremos inofensivos, pero nunca dejaremos de ser sospechosos, por amenazar o cuando menos cuestionar su ordenamiento.

(Por Eneko Astigarraga, de bicicletasciudadesviajes.blogspot.mx)

 

1 Comment

  1. TachitoTec (@TachitoTec) says:

    Excelente artículo que pone el dedo en la llaga. Lo que no han entendido quienes juegan al “circo de la bici” es que no solamente se trata de una corriente de moda, un capricho de jóvenes sin esperanzas. Usar predominantemente la bici en el medio urbano es una cuestión de sentido común, por eso es mas amplio, profundo y urgente que un fenómeno de sociedad. Atenerse al auto a pesar de sus evidentes inconvenientes, desperdicios y daños generados, es no una actitud retrógrada, sino simplemente suicida, sin embargo es lo que se promueve mas día a día (“¡compre un auto, salga de la pesadilla del transporte público!”) El auto y sus partidarios esconden un gran fraude comercial, global y añejo que ha consistido en mostrarlo como un medio “rápido y práctico”, muy por encima toda otra opción de movilidad. Cualquiera habitante del DF sabe que tan falsa puede ser esta “máxima”. La idea ha sido crear una gran masa de clientes, ávidos consumidores de energía (fósil de preferencia), plásticos, hules y fierros diversos, que idealmente querrá cambiarlo todo cada par de años!!! y ahora resulta que cual “velocidad”???…Nos han seriamente timado,y los jóvenes lo han entendido, cuándo lo entenderá el resto????

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