La bicicleta, un medio para una ciudad más accesible

un-medio

En los últimos años hemos sido testigos del uso masivo de la bicicleta, mayoritariamente en la Región Metropolitana (Santiago de Chile). Cada vez vemos a más ciclistas por las calles del gran Santiago y eso debe ser motivo de alegría para todos aquellas/os que trabajamos fomentando el uso de la bicicleta.
Hombres, cada vez más mujeres, personas de la tercera edad, escolares, y muchos más, que se transportan en la bicicleta, implica que ésta se haya vuelto “visible” no sólo en las calles, sino también en los medios masivos de comunicación. Periódicos y la televisión han contribuido en generar un escenario en el cual la bicicleta se ha vuelto protagonista; a veces, no de una manera adecuada. Pero protagonista al fin y al cabo.
Es por ello que, a propósito de estas imágenes que nos llegan y nos rodean todos los días, me pregunto ¿Por qué la bicicleta, entendida como un vehículo y por ende, un medio de transporte,está siendo considerada en algunos gobiernos locales (Providencia y Santiago, las más visibles) como una estrategia y herramienta preponderante dentro de sus propias políticas y de su plan de trabajo, y ¿por qué en otras comunidades, donde la bicicleta sí constituiría un aporte real al problema del transporte público o privado, no es considerada en absoluto?

El sólo hecho de mostrar la bicicleta como un herramienta que contribuye a la igualdad de género, al equilibrio en nuestra participación ciudadana, pero sobre todo, que nos contribuye a nosotros mismos implicará un avance en la calidad de vida en general.

La pregunta tiene su razón de ser. En ambas localidades mencionadas, el sistema de transporte público está medianamente resuelto. Es de fácil acceso llegar a ambos sitios, ya que por sus avenidas principales, casi absolutamente, hay varias alternativas de buses del Transantiago, por ende, “cualquier micro nos sirve” para ir de un lado u otro. Sin embargo, eso no ocurre en otras comunidades periféricas o más alejadas del centro, en las que a veces por sus calles sólo transitan micros locales. Las personas que residen allí deben tomar dos o tres buses de Transantiago para llegar a sus destinos y esos constituye una problemática que el gobierno no resuelve o no se atreve a resolver.
Es necesario considerar incluir esa problemática como una cuestión fundamental a la hora de fomentar el uso de la bicicleta. Si consideramos que ésta constituye una herramienta de transformación y de cambio social, podemos generar estos cambios no sólo en las comunas donde existen mayores recursos, sino también en aquellas donde, generalmente, las políticas públicas llegan a medias.
Si esperamos a que los gobiernos de esas comunidades entiendan los beneficios que conlleva el uso de la bicicleta (físicos, psicológicos a nivel individual; apropiación del espacio público, equidad de género, en cuanto fomentar que las mujeres pedaleen por la ciudad) pasarán muchos años antes de llevar a cabo una modificación del escenario actual. Es de público conocimiento la burocracia imperante en todo el sistema estatal; por eso apelo a que como ciudadanas/os comencemos a generar dicha transformación.
Si entendemos la ciudad como un espacio social que nos pertenece, al que tenemos derecho y del cual nos debemos apropiar, es nuestro deber socializar esa idea con todos aquellos que nos rodean. Sobre todo con aquellas/os para los cuales esa idea resulta, aún abstracta.
El sólo hecho de mostrar la bicicleta como un herramienta que contribuye a la igualdad de género, al equilibrio en nuestra participación ciudadana, pero sobre todo, que nos contribuye a nosotros mismos implicará un avance en la calidad de vida en general.
El llamado es simple: sigamos pedaleando. Mientras más nos transportemos en bicicleta, mayor será el reconocimiento a su rol social.
Que las cicletadas se trasladen a comunas más alejadas del centro, como lo hace el Movimiento Furiosos Ciclistas, que las múltiples actividades ciclistas que se realicen los fin de semana también se desarrollen en aquellos lugares donde, a veces, ni siquiera hemos llegado, que las calles se cierren para los autos no sólo en las principales comunas. Así contribuiremos a democratizar el uso de la bicicleta, y eso generará, realmente, lo que aspiramos todas/os: una ciudad más accesible para todas y todos.
* Columna escrita por Janeth Llanes, integrante de @macletas

 

0 Comments

You can be the first one to leave a comment.

Leave a Comment

 
 




 

Blue Captcha Image
Refresh

*