La opción b

Hace cinco años, después de meses de una gratísima experiencia de moverme en bici por San Francisco, California, me compré una bírula allá y la traje al DF.
No es que el plan A fracasara, más bien la opción B se volvió la estrategia idónea. Es decir, la opción bicicleta es la idea primigenia: moverme en bici por el DF (y más allá). No me arrepiento. He bajado varios kilos, soy feliz, me gusta este modo de transporte, me encanta prepararme para salir a rodar, pensar en la ruta, buscar un playlist ad hoc, lanzarme al tráfico, rodar por la carpeta gris y caliente.
He llegado a Pachuca, Hidalgo al norte y a Cuautla, Morelos al sur. Voy a Santa Fe, a Lindavista, a la salida a Puebla, a Iztapalapa, a dónde sea.
Voy de short, de mezclilla, de traje, hasta de smoking. Me gusta meterle caña, darle duro, sudar y sentir el viento, rebasar autos por entre los carriles, indicar al “enlatado” que voy de paso, que me dé preferencia, o al revés, le cedo el paso, lo veo a los ojos y decido qué movimiento haré, saco la mano, indico que daré vuelta, hago aspavientos para que me vea (alzo la mano y emito sonidos), alerto a los peatones, les dejo pasar, les grito si van papando moscas sobre la ciclovía, regaño a los ciclocafres que vienen en sentido contrario, les digo a los que van de ninjas que le pongan una lucecita a su bici, saludo a los ciclistas que vienen en sentido contrario y a veces hasta devuelven la cortesía. Pasión por la rodada.
Soy un ser sociable también en la bici, no me siento más que nadie, ni menos que otro. Echo carreras con los repartidores, con los “compas” que luego se pican, me impongo rodar al máximo de tope a tope, sobre todo en caminos donde sé que las desgracias están fuera del radar, o bien le doy a tope durante la canción predilecta, o voy pegándole a las banderolas anaranjadas que llevan trailers y camiones repartidores de gas. Juego también en la bici.
La diversión la hago yo y mi lúdico espíritu bicicletero. Me gusta asustar a uno que otro con mi mascarilla contra la contaminación, mis lentes oscuros, casco y paliacate. Si han dado unos buenos saltos. La gente me ve llegar a las reuniones así y al quitarme los guantes me dicen: “Vienes bien preparado”. Soy un profesional, respondo entre risas y en serio. Soy un cletero urbano.
La opción bici es mi modo de transporte y mi diaria diversión.

* El autor se cambia el paliacate a menudo porque le suda la mollera copiosamente. No soporta el mal olor de sus camisetas o short después de dos puestas y pone a orear su ropa de rodar en la oficina, para que no se apeste.

 

3 Comments

  1. Nekotikva says:

    Sería interesante que escribieras acerca de tu máscara para la contaminación, algunos nos andamos buscando un enfisema pulmonar por rodar detras de los camiones.

  2. Agustín Villagordoa says:

    Exacto! de eso se trata, de hacer que el trayecto a donde sea que se vaya divertido, catartico.
    Esa mascarilla contra la contaminacion ¿donde la hallo?

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