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Los inicios de las mujeres en bici

En la actualidad existen distintas organizaciones civiles y colectivos ciudadanos de mujeres que han decidido tomar a la bicicleta como una forma de expresar la necesidad de cambios sociales en las ciudades, y con ello mostrar que es seguro y femenino andar en bicicleta, dejando detrás prejuicios del uso de la bicicleta como lo son el  sudor o, el de estar despeinada. Sin embargo, es posible rastrear en el siglo XIX mujeres relacionadas tanto con el movimiento sufragista femenino como con el uso de la bicicleta.

Veamos que con la innovación de los herreros franceses Pierre y Ernest Michaux de poner pedales, y manivelas rotativas al velocípedo en 1860 , pronto la bicicleta se convirtió en una nueva forma de entretenimiento para las elites. En Europa y Estados Unidos  comenzaron a surgir pequeños círculos sociales que compartían el gusto por las competencias ciclistas, esto no pasó desapercibido para varias mujeres que decidieron experimentar con el nuevo invento.

Pero, que una mujer usará la bicicleta a finales del siglo XIX era ridiculizado por la sociedad machista e incluso existieron argumentos de médicos que condenaron enérgicamente la práctica por supuestas razones anatómicas (causar daño físico como esterilización y aborto) y hasta morales (crear formas de excitación sexual)[1]. Sin duda, eran tiempos  en los cuales las mujeres se les negaban sus derechos básicos políticos, económicos y sociales.

La crítica por parte de sociedad machista y de los supuestos estudios médicos que no incentivaban el uso de la bicicleta para las mujeres, no impidió que mujeres como la francesa María Pognon y las estadunidenses Susan Brownell y Frances Willard entre muchas líderes de los movimientos por los derechos civiles de las mujeres usaran la bicicleta, e incluso la utilizaran como  una forma desafiante hacia la concepción de los roles femeninos tradicionales.

Para María Pognon, presidenta de la Liga Francesa de Derechos de la Mujer, la bicicleta era un instrumento igualitario y nivelador que ayuda a liberar a las mujeres[2]. Para la estadounidense Susan Anthony líder por los derechos civiles consideraba que “la bicicleta es el objeto que más ha contribuido a la emancipación de la mujer que otra cosa en el mundo. Le da a la mujer la sensación de libertad y seguridad en sí misma. Cada vez que veo una mujer manejando una bicicleta me alegro, porque es la imagen de la libertad”[3]. Y en 1885 en Estados Unidos  la sufragista Frances Willard tomó a la bicicleta como una manifestación política de libertad de la mujer en su libro “A wheel within a wheel: how I learnedto ride the bicycle[4], Willard a lo largo del texto insta a las mujeres para superar las barreras y que se involucren con  prácticas que desafíen el modelo de los roles de la mujer.

De manera general se puede decir que la bicicleta permitió una mayor movilidad a las mujeres en tres sentidos:

La bicicleta les permitía alcanzar distancias largas, lo que fomentaba un conocimiento de su entorno, de su cuerpo y además permitia una movilidad libre sin dependencias de los hombres.

Reconoció críticas a los vestidos victorianos, los cuales resultaban incomodos e imprácticos para su uso en la bicicleta, por lo que adquirió fuerza argumentos en contra de los corsés y las faldas largas y ondulantes, y trajo consigo nuevos estilos de ropa que permitieron una mayor movilidad en el cuerpo de las mujeres.

Por poner un ejemplo, en 1894 Annie Londonderry una joven madre de tres hijos se convirtió en la primera mujer a montar en bicicleta alrededor de Estados Unidos. Londonderry, cuyo nombre real era Annie Cohen Kopchovsky, salió del estado de Massachusetts el 25 de junio de 1894 y regresó el 24 de septiembre de 1895. A lo largo de su viaje Annie desecho el vestido victoriano que resultaba poco práctico, ella optó por pantalones holgados llamados bloomer y después por ropa de hombre (véase figura 2).

En resumen el uso de la bicicleta por parte de las mujeres en  sus inicios  se argumentó que  podría deteriorar la delicada esfera de la unidad familiar al permitir a la mujer a viajar más allá de sus límites anteriores sin la vigilancia de un marido, además de provocar posibles daños físicos y morales. Sin embargo, a pesar de los argumentos tradicionalistas las mujeres que estaban en pro del voto femenino y muchas otras lograron realizar críticas a la sociedad machista con el uso de la bicicleta, expresaron deseos de libertad y provocaron cambios en los estilos de vestimenta que oprimían el cuerpo de la mujer.

(Por Mtro. Ernesto Morua Ramírez, de Indicespoliticos.blogspot.com)

Fuentes:

[1] André Schetino, 2009, A bicicleta, o ciclismo e as mulheresnatransição dos séculos XIX e XX, Revista de Estudios  Femeninos. vol.17, Universidade Federal do Rio de Janeiro, pp 118

[2] André Schetino, 2009, ibíd., p 112

[3] André Schetino, 2009, ibíd., p 120.

[4]Frances Willard, 1885, A wheel within a wheel: how I learned to ride the bicycle, Fleming H Revell Company, New York, pp. 80.

 

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