Sufro, me vale madres o le entro por la derecha…

“¿Para qué hacer un pedaleo desagradable peleando con gente a pie y automovilistas?” Esta pregunta me ha sonado en la cabeza los últimos días como una posibilidad para mandar a imprimir en una estampilla y regalarla entre los colegas bicicleteros de esta ciudad.

Como referí en mi anterior post, percibo que los conflictos entre automovilistas y peatones tienen a un tercero en discordia que lamentablemente se está convirtiendo en un enemigo mutuo: el ciclista urbano.

Es importante tener en claro que nuestra bici no compite con los autos ni mucho menos debemos invadir los espacios peatonales; no hay que dejar de tener en cuenta que las autoridades de esta ciudad recién recordaron que la prioridad es para los de a pie, no para los coches. Los ciclistas estamos también en un momento de reconocimiento, de prueba, si me apuran un poco, acerca del uso, goce y disfrute de nuestra libertad de tránsito ya de por sí consagrada por el mero hecho de ser ciudadanos en México.

No sé si le daría un abrazo a un auto, tal y como hicieron nuestras amigas de Insolente en su rodada de hace unos días, pero sí abrazaría la idea que recién aportó Ángel Bravo en Cartas a Reforma en la edición del lunes 13 de enero pasado: un programa educativo para ciclistas.

¿Por qué me gusta esa idea? Hay que ser bien honestos: de toda la banda que comemos asfalto en esta gran ciudad, muy pocos tienen el conocimiento mínimo de cómo circular por una calle o avenida de forma segura.

Seguro me dirán que para manejar un coche casi nadie, si no es que prácticamente nadie, toma un curso de manejo y menos de educación vial. Es cierto, pero eso es problema de quién decide manejar un automotor. Nosotros simplemente no deberíamos incurrir en el mismo error de creer que saber pedalear y mantener el equilibrio ya nos hace ciclistas. Valdría la pena intentar un nivel de educación vial como nunca antes se ha intentado para peatones y automovilistas.

Andar en la calle rodando no sólo requiere de pericia, también de cierto nivel de buenas maneras, plena conciencia de que la lámina del bicicletero es la piel misma y amor por una vida temeraria porque rodar es también cuestión de valentía.

De la mano con esta idea, creo que no estaría mal que de pasada también se iniciaran cursos de educación vial para automovilistas y peatones. La calle no solo es de todos, sino también responsabilidad de todos. Además, no hay peor inversión en infraestructura que la que no se sabe usar.

 

1 Comment

  1. Grace says:

    Lamentablemente, el problema no está en el qué somos (automovilistas, ciclistas, peatones o los 3 alternadamente), sino en la educación cívica que tenemos. Todo parte del respeto. Si tan sólo cada persona – ya sea que vaya en bici, en auto, en patineta o caminando – comprendiera el significado de la palabra respeto, otro gallo nos cantaría A TODOS.
    Es cierto que hay que proporcionar educación vial para todos los que ponemos un pie fuera de nuestros hogares cad día, sino concientizar desde pequeños el valor de la palabra respeto.

    Saludos.

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