Un golpe de suerte

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Por Cecilia de la Rosa

El pasado viernes de regreso del colegio de mis hijos, transitando por Taxqueña, me encontré un enorme bache, que por su anchura y profundidad había que esquivarlo, invadiendo parte del otro carril. Justo estaba en esa maniobra cuando de una pequeña calle salió un intrépido ciclista, que por su velocidad y sin precaución alguna, literalmente se embarró en el auto, yo sólo escuché un fuerte golpe y vi su descompuesto rostro pegado en el parabrisas, resbalándose poco a poco. Fueron momentos de miedo, me quedé paralizada sin saber que había hecho, el pitido de los autos me hizo reaccionar y me tuve que orillar, al bajar del auto el hombre yacía en el suelo, inerte. Los mirones se acercaron y trataban de hablarle al hombre para ver su reacción, pero no respondía, a lo lejos escuché a alguien decir que parecía estar muerto, en ese instante llegó un motociclista de la SSP e inmediatamente me señalaron como la culpable. El agente se acercó a preguntarme si estaba yo bien y que dados los hechos tenía que presentarme ante el Ministerio Público. Todo mi mundo se acabó en ese momento, empecé a rezar, suplicaba que no fuera cierto, que alguien me ayudara, que fuera solo una pesadilla. Por fortuna, y lo reitero por fortuna, a unos metros había un operativo del alcoholímetro que mientras hacían su trabajo se dieron cuenta de lo sucedido. Uno de ellos se acercó a dar su bendita versión, que entre otras cosas comentó que el hombre tenía un buen rato ocasionando problemas, que momentos antes se había librado de ser arrollado por un autobús y que al parecer estaba bajo efectos del alcohol.
La ambulancia ya había llegado y al revisarlo efectivamente estaba bajo efectos de alguna sustancia tóxica y estúpidamente alcoholizado, el paramédico le indicó al oficial que el choque no le había ocasionado ninguna lesión fuerte, solo el golpe en la cabeza y que al caer no quedó inconsciente por el golpe sino dormido por lo intoxicado. Se lo llevaron remitido al M.P., porque antes del accidente ya lo habían reportado a las autoridades por intento de asalto a una tienda, por daños a la vía pública porque su bici salió volando y golpeó un señalamiento de no estacionarse y lo dañó, por alterar la seguridad vial, por posesión de sustancias tóxicas y un arma blanca, por alterar el orden público, en fin, todo en ese momento estuvo a mi favor, además cuando pasó el accidente, tuve a bien estacionarme y bajarme del auto y ver el estado del hombre, esto fue tomado a mi favor como auxilio a la víctima, en todo momento accedí a cuestionamientos incluso no negarme a revisión física.
Después de cinco horas de angustia me dejaron ir con el consejo de “maneje con cuidado” sin visitar el M.P., tampoco quise levantar denuncia, pues ya era suficiente con lo cargado al individuo. No cabe duda que fue ayuda divina lo que me salvó.

La autora sigue con las secuelas del miedo, angustia y coraje, su auto aún en el taller pues la cabeza dura del accidentado reventó el parabrisas y abolló la puerta del copiloto y la bici seguro en la basura.

 

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