Bici poderosa

Después de algunos años de haber rodado por esta pista virtual de Diario en Bici, tengo la oportunidad de regresar y volver a compartir grandiosas historias de vida sobre ruedas.

Por Cecilia de la Rosa*

Estos años me han permitido compartir experiencias con ciclistas de toda escala y he llegado a la fascinante conclusión de que la bici empodera, enaltece el espíritu. No importa de dónde vienes o adónde vas, este par de ruedas fortalece el brío. Para nosotras las mujeres es un corcel que nos consiente y hace dueñas del camino, afirma nuestra independencia y libertad de llegar al propio destino.

Todo tiene un inicio y la experiencia se vive desde el momento en que se planea la rodada, la adrenalina se enciende al encubrirse bajo el atuendo del ciclista, sin dejar atrás la coquetería con vestimenta femenina, segura y cómoda, las manos enardecen al tomar el manubrio y la aventura comienza al momento que los pies dejan de tocar tierra y se da el primer impulso. El empoderamiento se hace presente, somos las dueños del asfalto, se crea un sólido vínculo entre la bicicleta y nuestro mundo, revoluciona sentimientos, fortalece la esencia. Ir en bici estimula cada uno de los sentidos, desarrollando la capacidad de enfrentar desafíos, aviva la mente, motiva a enfrentar nuevos rumbos. Definitivamente no es para todos, se necesita resistencia y firmeza para enfrentar cada obstáculo y resilencia para levantarse de las caídas.

Coincido con mi banda de ciclistas; ya no incomoda si el cielo está desbordante de sol o de incesante lluvia, no importa la lejanía de la meta, mucho menos si el sudor perla el rostro o el camino engorroso agita demasiado el esqueleto, uno no quiere desmontarse de la bicicleta ni que termine tan fabulosa experiencia. Algunos confesamos aminorar la velocidad e incluso dar una vuelta más para extender el trayecto. Y solo nos queda pensar que es una tregua de tiempo en lo que volvemos a rodar.

Cuando rodamos y, con uno o más ciclistas, coincidimos en algún sendero, nos conozcamos o no, formamos un bando en el que compartimos pasiones, nos cuidamos, auxiliamos en algún accidente e incluso vamos abriendo brecha para así pasar prestos. En lo particular, me genera misterio por saber quién rueda en torno a mí, qué destino le recibirá, qué hay en esa mente, qué está liberando al andar…

La vida ha dado muchos giros y aquí seguimos, en nuestra marcha, haciendo frente al porvenir y observando que la realidad invita cada vez más a andar sobre ruedas. Así lo he seguido haciendo y cada día he mejorado; hace tiempo no enfrento caídas, no tropiezo en baches, no sufro las miserias de usar transporte público, esquivo a conciencia los infortunios callejeros y ya no caigo en provocaciones, simplemente dejo pasar a quien lleva prisa, no me arriesgo. Además, voy muy bien acompañada de mi cámara fotográfica capturando grandes recuerdos de cada aventura. 

Te has dado cuenta que andar en bici es una gran fiesta; todos la pasan muy bien, lucen felices y siempre sonríen después de rodar, es un verdadero regocijo.

  • La autora es comunicóloga de profesión, amante de la fotografía de paisaje y ciclista por convicción. Rueda con precaución y sin perder el estilo femenino por las avenidas más concurridas de la Ciudad de México.

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