¿Dónde están los biciestacionamientos?

Es angustiante llegar a un lugar y no encontrar, no digo un biciestacionamiento, un poste, tubo o asidera para encadenar la bici. Te bajas de la bici y pareces pordiosero mendigando una reja, un árbol delgado, una jardinerita donde poner la bici.
Debo decir que no cargo uno de esos cables forrados con plástico -como el de la foto-. Son inseguros por fáciles de romper. No, cargo mi candado en U, tamaño medio y un TiGr, el candado que parece clip grande -véase la foto-. Así que para poner ambos necesito un tubo delgado. Y sí, uso los dos porque no me quita mucho tiempo, porque quiero a mis bicis y porque no quiero comprarme una nueva en un buen rato y menos por causa de un robo. Ambos candados me costaron una cuarta y una quinta parte de mis respectivas bicis. Así que bien valen la inversión.
El otro día fui a cenar a la colonia Cuauhtémoc y al llegar al restaurante no encontré cerca un sitio donde asegurar la bici. En mi entorno había solo postes de luz, árboles gruesos, una cabina telefónica (que aparato más inútil, me parece) y una banca. No quise usar el poste de la cabina, estorbaría a algún usuario, menos en la banca, qué osado, perturbaría el descanso de algún ciudadano. Además había gente utilizando el mobiliario público y sí, tendría que pedirles que me dejaran maniobrar. No era práctico ni decente.
Como comimos en la terraza, pude fijar una de las llantas al cuadro y a la distancia mantener vigilada la bici. No estuve muy a gusto. Se prolongó la comida, bajó la temperatura; nos cambiamos a una mesa en el interior del restaurante. Entonces sí me preocupé: ¿qué voy a hacer?
Vi que ya no había nadie en la banca. Había oscurecido y sí podía encadenar sin molestar. Es decir, colocarla por la parte de atrás, de manera tal que ninguno de los candados estorbara a alguien al sentarse, sobre todo, en el respaldo. Así lo hice.
Me quedé mucho más tranquilo esa porción de la charla, ya sin la preocupación de que llegara un comando, subiera la bici a una pick-up y se la llevara. Ah, qué chilango tan desconfiado, pensé luego.
Y si algunos restauranteros pensaran en el servicio, no podrían gastarse 2,000 pesos (más o menos) y poner un biciestacionamiento para 3 o 4 bicis. De plano, es mucho pedir.

* El autor tiene delirios de sufrimiento cada que deja su bici en algún lado y no puede encargarla. Sale de sus citas, se aproxima nervioso a lugar donde encadenó la bici y en cuanto la ve dice: “Uf, sí, ahí sigue”.

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