El movimiento ciclista: una escuela para ciudadanos

De pronto, una noche cualquiera, en la avenida México o en la Plazuela Libertad, nos pueden sorprender.

Sus contingentes son numerosos, tanto, que logran interrumpir la cotidianidad de las calles y poner a los automóviles y autobuses al margen de un paréntesis de ruedas, rayos, coronas, masas y pies acoplados a pedales. Se los ve poseídos del entusiasmo de quien realiza una actividad placentera, arrobados por un ritmo acompasado que los aleja de las preocupaciones de todos los días. Sin duda, esa es una razón por la que defienden su modo de vida con tanta vehemencia.

Son los ciclistas tapatíos, la expresión local de un movimiento que se ha impuesto a escala mundial y que no ha dejado de crecer y manifestarse. Exige ser respetado y apoyado por autoridades, planeadores urbanos, choferes de autobuses y automovilistas.

No son, como podría pensarse, una tendencia sin raíces en el suelo tapatío. Es célebre el comentario escrito por Salvador Novo en el sentido de que a principios del siglo veinte en Guadalajara se utilizaba la bicicleta con frecuencia. La académica Catalina Morfín nos recuerda este hecho, y también nos cuenta que en los años ochenta se organizó un grupo de ciclistas urbanos. Además, a este movimiento ciclista ha contribuido la vía Recre-activa, que todos los domingos reúne a miles de paseantes encaramados entre dos ruedas.

Tampoco son algo aislado de otros movimientos sociales que buscan una nueva relación con la ciudad. Me refiero a quienes buscan la construcción de un sistema de transporte colectivo moderno: un metro. Pienso en los jóvenes organizados en la FEU que exigen, sin tregua ni descanso, un nuevo modelo de gestión de los autobuses urbanos; también en los vecinos y colonos que se han activado para proteger sus formas de vida y sus intereses urbanos, frente a las modificaciones intempestivas de los usos del suelo.

De entre estas manifestaciones embrionarias de una nueva ciudadanía, destaca la juventud ciclista, que procede de universidades públicas y privadas, y que proyecta una mentalidad distinta: la exigencia a las autoridades, y a los automovilistas, de recibir respeto y apoyo hacia su manera de habitar la ciudad.

El ciclismo llegó a Guadalajara para quedarse. No debería sorprendernos, pues montar una bicicleta es algo más que una recreación y algo más que una opción más económica para transportarse. Me atrevo a decir que implica una forma de estar en el mundo, si por mundo entendemos la ciudad, sus calles, su arquitectura, su aire y sus árboles. La ensayista Valeria Luiselli, quien escribió una reflexión sobre la bicicleta apoyada en Salvador Novo y Julio Torri, nos deja entrever que la bicicleta es un dispositivo para pensar:

“El bicicletista, a diferencia del que va en automóvil, logra esa velocidad arrulladora y despreocupada del paseo, que libera el pensamiento y lo deja andar a piacere… La velocidad de la bicicleta permite una forma particular de ver. La diferencia entre volar en avión, caminar y andar en bicicleta es la misma que hay entre mirar a través del telescopio, el microscopio y la cámara de cine. El que va suspendido a medio metro del piso puede ver las cosas como a través de la cámara cinematográfica: tiene la posibilidad de demorarse en los detalles y la libertad de pasar por alto lo innecesario”.

Pero el panorama aún no es halagüeño para los bicicletistas, como los llama Valeria Luiselli. A diario, ellos tienen que enfrentarse a innumerables dificultades y peligros. Desde la falta de cultura vial de automovilistas y camioneros, hasta la insuficiencia de ciclovías y ciclopuertos.

En un artículo reciente publicado en Milenio, Felipe Reyes asumir la necesidad de construir una verdadera red de ciclovías conectadas de manera que incentiven el uso masivo de la bicicleta. De nada sirve que se construyan ciclovías desvinculadas entre sí. Cuando esto ocurre, se convierten en elefantes blancos y dejan de tener sentido.

El camino, entonces, es que las autoridades pongan atención al tema y consideren que, hoy por hoy, constituye una de las principales demandas de un sector creciente de la sociedad. Hay esperanza, pues por lo menos las autoridades de Guadalajara y Zapopan están trabajando al respecto y han anunciado acciones de construcción y mantenimiento de ciclovías. Se ha publicado que existe presupuesto para ello.

Ojalá que se trabaje con una visión integral y bajo el imperativo de ofrecer una alternativa seria, segura, eficiente y de calidad al transporte motorizado. Muchos jóvenes lo van a agradecer, además de que una acción como esta contribuirá a la maduración de una ciudadanía que se está forjando en las luchas por hacer de Guadalajara una ciudad con dignidad para sus espacios públicos.

(Por Héctor Raúl Solís Gadea, de Milenio Diario)

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