El tráfico los pone locos… solo a algunos

Las campañas de concienciación de tráfico podrían tener mejores resultados si se centrasen en los aspectos positivos de conducir bien.

Una tesis doctoral recientemente defendida en la Universidad de Deusto analiza la Ira y agresión en la conducción. El nuevo doctor David Herrero Fernández es el autor de esta investigación que se centra en el factor humano, uno de los tres grandes factores en los que se divide la seguridad vial junto con el vehículo y la vía, y que se cree es el que más peso tiene en la explicación de los accidentes de tráfico.

Concretamente, se ha llegado a concluir que el factor humano está involucrado de uno u otro modo hasta en el 90% de éstos. Y dentro del factor humano, la ira y su componente conductual, la agresión, se han perfilado como dos de las variables más relevantes, dada la influencia negativa que ejercen sobre ciertas variables cognitivas fundamentales para el manejo de un vehículo, como la atención, la percepción y el procesamiento de la información.

Tal como expone David Herrero, en la primera parte de su tesis doctoral, la ira y la agresión tienen distintas raíces y componentes vinculados, siendo algunos de los más importantes los correlatos fisiológicos, la frustración, la catarsis y el anonimato. Todo ello determina el rasgo de personalidad de la ira en general y de la ira en la conducción, los cuales tienen, como señala, una compleja relación entre sí y con las variables de expresión de esta emoción.

Conducimos como vivimos

El presente trabajo ha tenido como objetivo global el análisis de la ira y la agresión al volante, así como el estudio de algunos de sus principales correlatos, determinantes y consecuencias. Por parte de los objetivos específicos, en primer lugar se han analizado los eventos del tráfico que provocan ira en los conductores españoles, que son, por este orden, las conductas temerarias de otros conductores, los actos sufridos de hostilidad directa y las obstrucciones. Igualmente, se han analizado las formas en que los conductores expresan esta emoción, concluyéndose que puede hacerse verbalmente, físicamente, mediante el propio vehículo, desplazadamente (dirigir la agresión contra algo o alguien distinto al causante de la ira) y adaptativamente.

Por otra parte, se han analizado los correlatos de la ira y las distintas formas de agresión dentro y fuera del vehículo, contrastando las dos grandes tendencias teóricas de que “conducimos como vivimos” y de que “nos transformamos al volante”. Los resultados obtenidos mostraron que, si bien tenemos que hablar de la existencia de dos rasgos diferentes aunque asociados, al parecer cada forma de expresión de la ira al volante está determinada tanto por el rasgo de ira en la conducción como por su forma análoga de expresión en general. De tal modo que por ejemplo una persona que tienda a expresar su ira verbalmente en su vida en general, lo hará también verbalmente a la hora de conducir. Se trataría, por tanto, de un bagaje de comportamientos que se desplegarían en todas las situaciones de la vida, aunque el umbral para experimentar ira sea diferente.

Efectos de las campañas

Los dos últimos capítulos son de carácter experimental. En ambos se utiliza una tarea de simulación de conducción mientras se registran variables fisiológicas, conductuales y subjetivas. El primero analiza las diferencias entre conductores muy y poco propensos a experimentar ira al volante, observándose que los primeros circulan a mayor velocidad y experimentan un mayor incremento en su frecuencia cardiaca y en la presión ejercida sobre el volante al conducir.

El segundo estudio analiza en conductores moderadamente propensos a experimentar ira el efecto de una campaña televisiva de concienciación contra los accidentes, viéndose que el efecto de éstas pueden llegar incluso a ser opuestos a los esperados, dado que los que observaron el vídeo de la campaña experimentaron una mayor activación fisiológica e incluso sufrieron más accidentes en la tarea de simulación que los que vieron un vídeo neutro. Esto sugiere que tal vez fuese más conveniente que las campañas se centrasen en los aspectos positivos de conducir bien que en los potencialmente negativos de hacerlo mal, o al menos que se combinasen aspectos racionales con los emocionales.

Los resultados son útiles de cara a mejorar la evaluación específica de los comportamientos agresivos al volante, diferencialmente de los de riesgo y de otros con los que suelen confundirse, al identificarse tanto las causas ambientales que pueden desencadenarlos como las variables personales que hacen a un conductor propenso a la ira y agresión mientras conduce. Igualmente arrojan luz sobre los aspectos relacionados con la intervención en esta problemática.

(www.basqueresearch.com)

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