Es hora de prohibir las bicis

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No es ningún secreto que los ciclistas son de lo más molestos, irresponsables, antisociales, presumidos e inconformistas que podemos encontrar en nuestras calles.
No importa si eres un incauto peatón o estás tras el volante de un camión de 22 ruedas a cargo de entregar los nuevos Hummers al representante local, sabes muy bien que estás expuesto al flagelo del ciclista.
Como ya hemos hablado el hecho de salir en bicicleta se trata de un símbolo de estatus de clase dentro de la comunidad gay. Hacen gala de su liberalismo mostrando su parte trasera al resto del tráfico y usan nuestras carreteras y calles para su propio juego sucio de seducción con pantalones cortos ajustados (alicrados) mostrando a todo el mundo su mercadería y recortando el derecho a las personas normales de circular libremente con sus vehículos reales.
También es sabido que les gusta dar pequeños saltos mientras pasean y dejar que el asiento les penetre un poco el ano, aparentemente les da cierta satisfacción. Paganos van a pagar con una eternidad de condenación.
Estos «pecadores alicrados» se saltean constantemente las luces rojas, atropellan a las mujeres y a los niños respetuosos de la ley mientras conducen de manera ilegal sobre la acera, no se detienen por completo en las señales de pare, ocupan las calles enteras y golpean los techos de los coches legalmente estacionados sólo porque usted abrió su puerta en frente de ellos. Ellos son la causa número uno del stress de conducción y los número uno de los delincuentes en los incidentes de ira de carretera.
Y la lista de crímenes cometidas por ciclistas sigue y sigue -celebran el comunismo chino y las atrocidades de Mao irónicamente llamado el «Gran Salto Adelante» (que, irónicamente, quitó la vida a millones de ciclistas), celebran el comportamiento oscuro de los drogadictos como Lance Armstrong, y promueven pervertidos como los que olfatean asientos de bicicleta de mujer fuera de las bibliotecas públicas…
Todo esto es ya suficientemente malo, pero ¿podrían ser responsables del fin de la civilización cristiana?
Puede parecer poco probable, pero el quid de la cuestión es que el fin del petróleo se acerca rápidamente, y que todas las personas de buena voluntad deberíamos juntar nuestras mentes y llegar a nuevas soluciones para una vida sin hidrocarburos.
¡Pero los llamados ciclistas de este mundo piensan que ya han hecho lo suficiente! Ellos piensan que mediante la conservación de unos pocos litros miserables de gasolina por ir en bicicleta al trabajo o para recoger sus cheques de asistencia social ya son demasiado santos como para ocuparse de tales preocupaciones tontas como la crisis energética mundial y la crisis ambiental global.
¡Deberían de avergonzarse! ¡Qué pena!
¡Ya es hora de que estos vagos egoístas crezcan, aprenden a comportarse como adultos y comiencen a hacer frente a las responsabilidades que el resto de nosotros tenemos que enfrentar!
La prohibición de bicicletas en nuestras carreteras y calles sería un buen comienzo.
Tú tienes la palabra: ¿Te gustaría unirte a una campaña de «Prohibición de la bici”? ¿Qué sanciones piensas que los condenados merecen?
(Por Daniel Salcedo, de Nueva Era)

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