Hollywood sobre ruedas

Alfred Hitchcock, Cannes 1972

Montar en bicicleta con todo el ‘glamour’ era común entre las estrellas de los años 40, 50 y 60. Actores como Bogart o Newman, y actrices como Hepburn o Bacall, la popularizaron. El crítico Steven Rea ha recopilado en un libro multitud de imágenes de la época.

Por Toni García

Primero fue el celerífero del conde francés Mede de Sivrac en 1870; luego, la versión mejorada del mismo gracias al barón alemán Karl Drais von Sauerbronn a finales de esa década, y a continuación, el fotógrafo e inventor francés Nicéphore Niépce puso su granito de arena a principios del siglo XIX. Pero la bicicleta, la que pasó a la posteridad, fue obra de Ernest Michaux y –en no menor medida– de su padre, Pierre. Los dos se dedicaban a la construcción de carruajes y les atraía la idea de un transporte más ligero y manejable. Así que las dos ruedas, los pedales y el asiento aterrizaron en 1860.

Han pasado más de 150 años del medio de transporte más ecológico que existe, y su cohorte de admiradores crece a medida que se expande la conciencia ecológica. Muchos ven en ella el reflejo de un modo de vida sano y sostenible y siguen a rajatabla la filosofía del ciclista, ese que anida en todas las ciudades, de Barcelona a Ámsterdam, de San Francisco a Filadelfia, de Nueva Delhi a Pekín. Otros pedalean por comodidad, porque es barato y efectivo. Y también los hay que han sumado otro (importante) elemento: el estilo.

Desde que Brooks, la legendaria empresa de Londres, empezara a pensar en elementos ideados para los amantes de las bicicletas (sus asientos y bolsas tienen gran predicamento), muchas marcas se han subido al carro: Rapha, por ejemplo, desde su refugio en Reino Unido; las Colnago, Pinarello o Casati, en Italia; Chrome Hearts y sus exclusivas colaboraciones, en Estados Unidos (donde también destaca Ventana), y más recientemente las lujosas propuestas del pope Paul Budnitz. Este, fundador de Kid Robot (la tienda de juguetes de vinilo que popularizó a ilustradores como Pete Fowler o Nathan Jurevicius) y harto de no encontrar lo que buscaba («bicicletas con versatilidad y diseño»), creó su propia empresa y ahora sus criaturas, que no bajan de los 65,000 pesos, vuelan cada vez que salen a la venta. El concepto glamour puede parecer alejado del mundo de la bici o, como mínimo, muy reciente, pero lo cierto es que no es así, como demuestra Steven Rea en su reciente volumen: Hollywood rides a bike (Hollywood monta en bici), de la editorial estadunidense Angel City Press.

Sofia Loren y Rik Battaglia, 1954

Rea, un conocido crítico de cine al otro lado del Atlántico, vive y trabaja en Filadelfia, una ciudad pensada para las bicis. «Crecí amando las películas, primero por diversión y luego por trabajo. Lo mismo puedo decir de la bici, crecí yendo en bici, cada día voy a mi trabajo en bici, voy a los estrenos en bici. Por otro lado, llevo años coleccionando fotografías del Hollywood clásico montando en bici desde hace unos 10 años. Hace un año y medio decidí abrir un blog y empecé a colgar esas fotos. La respuesta fue casi inmediata: empecé a recibir correos y más correos, y eso me animó a coleccionar con más fuerza, ya sabes, con entusiasmo, y un día alguien dijo: ‘Deberías hacer un libro’. Así que me dije: ‘¿Y por qué no?». Lo cuenta el propio Rea, entre risas, desde su oficina en Filadelfia, vía telefónica.

El libro, una maravillosa serie

Fotografías donde puede verse a estrellas como Glenn Ford, Shirley Temple, Paul Newman, Alfred Hitchcock, Gregory Peck, Ingrid Bergman, Rita Hayworth, Alan Ladd, Ray Walston, Anthony Perkins, Jeanne Moreau, Sean Connery, Grace Kelly o a los mismísimos Beatles a lomos de una bicicleta, se ha convertido en una de las sensaciones de la temporada en el ámbito anglosajón (de momento ha aparecido en Reino Unido y en Norteamérica) al aunar dos conceptos tan jugosos como Hollywood y las bicis. En sus páginas, los artistas posaban con algo que se consideraba cool: «En los años cuarenta y cincuenta, muchos fotógrafos que trabajaban para los grandes estudios consideraban la bici un gran complemento. Proyectaba una imagen de salud y sugería que aquel actor o aquella actriz hacía ejercicio físico».

«La gente podría pensar que Hollywood no tiene nada que ver con las bicicletas, pero se equivocarían: la verdad es que en los años treinta, cuarenta y cincuenta, en los grandes platós de los estudios ya se veían multitud de bicis. Tienes que pensar que los estudios hollywoodienses llegaron a comprar flotas enteras de

Schswinns, Shelbys, Raleighs y Rollfasts. Los actores, actrices y directores las utilizaban para ir de un sitio a otro; para llegar más rápido al rodaje después de maquillarse, ir a la cafetería, en los cambios de vestuario… Muchos actores, pero sobre todo actrices, utilizaban la bicicleta diariamente y eso la popularizó. Katharine Hepburn era una entusiasta, y Lauren Bacall llegó a hacer anuncios para Schswinns, una marca americana muy célebre en los cincuenta», dice Rea.

«¿Y ahora qué? Hay muchísimos actores y actrices que la utilizan, no tanto en Los Ángeles como en Nueva York. El caso más claro sería Russell Crowe, al que le encanta montar en bici. Cuando viaja, siempre lo hace con un par de ellas encima. ¿Quién más? Zoey Deschanel y también Natalie Portman», asegura Rea. En Hollywood rides a biketambién se cita a Meryl Streep o Zach Galifianakis (Resacón en Las Vegas), pero lo que manda, y con puño de hierro, es el blanco y negro del Hollywood clásico, el Hollywood donde las normas las dictaba el clasicismo más riguroso. «El que va ahora en bici ya no tiene que ir con una licra apretada [risas], como si estuviera en el Tour, ahora el estilo es algo importante. Solo hace falta echar un vistazo a blogs como los de Cycle Chic (los hay de varias ciudades, entre ellas Madrid y Barcelona). Mucha gente considera la bici como parte de sí mismo». Rea, un loco de las dos ruedas, explica su amor por la bici: «Es deliciosa, no deja huellas en el medio ambiente, viajas a la velocidad perfecta, más rápido que cuando vas a pie, pero no a un ritmo que no puedas controlar. Es la mejor manera de explorar una ciudad, puedes descubrir cosas que no descubrirías a pie o en coche». Rea no lo dice, pero se le entiende: no es que la bici haya vuelto, es que nunca se ha ido.

(El País)

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