Japón en bicicleta

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A @ivabelle_a , a quien le acaban de robar su bici en la Condesa, D.F.

Usar una bicicleta en Japón resulta fácil y seguro una vez que se aprenden una serie de reglas. Sólo así se explica que, en un país con unos 127 millones de habitantes, actualmente haya cerca de 80 millones de bicicletas compartiendo el espacio con una cantidad similar de autos.

Comencé a usar una bicicleta como medio de transporte hace 11 años en Tokio. En los primeros días de mi llegada, algunas de las primeras cosas que llamaron mi atención fueron la cantidad de gente en bicicleta, las bicis estacionadas en las banquetas, en los estacionamientos de las estaciones del tren o metro, en los centros comerciales, en los edificios de oficinas o en los complejos habitacionales. Eran tantas las bicicletas que veía andar, en días secos o lluviosos, y tantos los ciclistas variopintos, que creí que era un deporte nacional.
Ancianos con o sin cigarro en mano; oficinistas impecablemente vestidos de traje, corbata y portafolio; mujeres en tacones de aguja con faldas largas, cortas o minicortas y su bolso en la canastilla; escolares de todas las edades; madres con un bebé en la canasta delantera y a veces con otro niño pequeño, normalmente con casco, en una silla trasera adaptada; gente de todas las edades con sombrilla, celular o bolsas del súper; policías; repartidores de publicidad o productos; personas con sus mascotas —llegué a ver incluso algunas con sus gatos, imperturbables, en una canasta y sin correa—.
Esas imágenes que ahora se han vuelto cotidianas, en su momento me hicieron recordar la frase que eché al bolsillo desde que subí al avión para llegar a Japón: al país que fueres haz lo que vieres. Así que no tardé en ir por una bicicleta. Cuando llegué a la tienda tuve la suerte de que el tendero entendiera algunas palabras en inglés y mi sorpresa fue que había una regla para adquirir una, de lo contrario no me la vendería: tenía que escribir en un formulario mi nombre y mi dirección, mostrar mi identificación y pagar cerca de 65 pesos mexicanos. El tendero, a cambio, colocaría una calcomanía amarilla con un número de registro en alguna parte del tubo que sostiene el asiento.
Como no entendía japonés y el tendero tampoco mucho inglés, la razón principal de llenar el formulario no la entendí, pero una vez en la calle con mi bici advertí que en efecto todas las bicis tenían la calcomanía amarilla con un número.
Un mes después, cuando salí de una estación del metro y busqué la bicicleta que por la mañana había dejado en la banqueta junto con otras, ésta ya no estaba. Mi primera reacción fue pensar que me había equivocado de salida, pero una vez que me cercioré de que no estaba en ninguna, me convencí de que la habían robado. Volví caminando, triste por la perdida de mi primera bicicleta japonesa color naranja con su canastilla de metal blanco y pensando en los aproximadamente 1300 pesos perdidos. (El precio de una bicicleta estándar sin ningún aditamento especial).
Dos semanas después del incidente llegó una postal al buzón de casa. Estaba escrita en japonés y por supuesto que no entendía de que se trataba pero tenía mi nombre y reconocí los signos en japonés de la palabra bicicleta: 自転車 (Jitenshya). Pregunté a alguien que sabía inglés y así me enteré de que se trataba de un aviso de la oficina del corralón de bicicletas. ¡La había dejado en un lugar prohibido y por eso había desaparecido! Tenía que ir al lugar y pagar una multa equivalente a 260 pesos mexicanos para recuperarla. El corralón estaba en el sótano de la oficina delegacional, que por fortuna estaba a unas cuadras de la casa.
Cómo supieron en dónde vivía y que esa era mi bicicleta, me pregunté en seguida. ¡Claro! La calcomanía es una especie de placa que se convierte en un registro nacional de bicicletas. Es una medida para recuperarla si se la llevan al corralón o es robada. En realidad, oficialmente se llama “Registro de Prevención del Robo de Bicicletas”. 自転車防犯登録 (jitenshyabôhantôroku). Y si llegan a sorprender a alguien robando una o usando una robada el delito puede costar hasta 500 mil yenes de multa (poco más de 65 mil pesos) o incluso 10 años de prisión.
El tendero proporciona un número de registro a la bicicleta nueva y lo envía, con el nombre y la dirección del poseedor, a la policía, para que lo registre. No hay una multa si no se registra la bicicleta pero por ley debe hacerse pues la policía suele tener como actividad, en ciertos días y a ciertas horas del día, revisar si las bicicletas lo tienen y si alguna no lo lleva pueden detener al conductor para que compruebe que es realmente el dueño.
Usar una bicicleta en Japón resulta fácil y seguro una vez que se aprenden una serie de reglas. Fijarse en los lugares donde está prohibido estacionarlas. Saber que el sentido del tránsito es a la izquierda como los coches. Aunque en la mayoría de los casos las bicicletas van por la banqueta que se comparte con los peatones.
Generalmente existe una línea y unos símbolos que marcan el camino entre el peatón que va a la derecha y el ciclista a la izquierda. Curiosamente el uso del casco es obligatorio solo en los menores de 13 años y por eso es raro ver a un ciclista adulto con uno. En años recientes se comenzó a prohibir en algunas ciudades llevar audífonos, celular o sombrilla en la mano, pero la práctica persiste.
Quizás lo más difícil para un extranjero recién llegado sea entender el sistema para usar las máquinas de estacionamiento. Al principio prácticamente cazaba a un japonés para que con señas me señalara qué botones apretar para poder dejarla y luego sacarla pues todo estaba en kanjis que no entendía.
Estacionamientos sofisticados para bicicletas en Tokio
La experiencia de tener una bici en Japón ha sido advertir cómo su uso es entendido como un medio de transporte para toda clase de gente, incluso para los que tienen un auto, y no sólo como un objeto para salir a pasear los domingos con la familia o amigos. De acuerdo a datos del Instituto para la Promoción de la Bicicleta (que existe desde 1964) en 2008 circulaban en el país 69 millones de bicis y 70 millones de coches. Actualmente se calcula que en país con poco menos de 127 millones de habitantes hay cerca de 80 millones de bicicletas.
(Por Monsterrat Loyde, publicado en AnimalPolitico.com, @lamonse)

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