La sociabilidad de la bici

Con la alegre noticia que, en Valparaíso, Chile ya se pueden transportar bicis en los vagones del metro, mucha gente, entre ellas yo, estamos entusiasmados en que se generen mayores incentivos para el uso de ésta. Y una de los mayores incentivos es, sin duda, conectar el transporte público con el uso de la bici.

Las estaciones de bicicletas, tanto públicas o para que lleves la tuya, no sólo mejoran las herramientas de movilidad y transporte, sino también las maravillosas opciones para la activación de los espacios públicos. De hecho, las estaciones de bicicleta son las acciones ideales para generar las llamadas triángulaciones , que Holly Whyte explicó como; “el proceso por el cual un estímulo externo establece un vínculo entre personas desconocidas y las impulsa a dialogar entre ellas como si se conocieran de siempre”.

A continuación, exponemos tres razones por las que las estaciones de bicicleta son la triangulación ideal:

Es naturales iniciar conversaciones: Las estaciones de bicicletas generalmente buscan unir a la gente en torno a un interés común, dándoles una oportunidad y una razón para comunicarse entre ellas, que, de otra manera no se lograría. Siendo que sirven como nodos en un sistema de transporte, estas estaciones también tienen un sentido de urgencia moderada: muchas veces están todos los espacios ocupados y todo el mundo está tratando de conseguir un lugar. Esto reduce la barrera a la entrada para la interacción social casual, para  que la gente en el extremo más tímida, al menos pueda sonreír y decir; “bonito casco” o “Es un gran día para un paseo”. Puesto que las instancias de interacción social conduce a un deseo de mayor contacto, las estaciones de bicicletas generan acciones para hacer espacios públicos más sociales.

Atraen a una corriente de diversos usuarios en todo momento del día y la noche: Un lugar realmente estupendo facilita la mezcla de usos en el tiempo, y si no hay nada para mantener un espacio activo por la noche, se puede crear condiciones incómodas o peligrosas incluso para los transeúntes, y en detrimento de toda la comunidad. Las estaciones de bicicletas comparten asegurar un flujo constante de personas a través de un espacio aún por la noche, teniendo “ojos en la calle” y hacerlo constructivo, incluso después de las horas pico. Esto amplía la utilidad de un lugar como un centro social para la comunidad circundante.

Ellas actúan como puntos de referencia casuales que concentran la actividad: Las estaciones de bicicletas deberían compartir  colores y la señalización, de esta forma ayudarían a hacer un lugar más cómodo y navegable para las personas que aún no están familiarizados con el vecindario. Piense en el alivio que sintió la última vez que se desorientó paseando (incluso en auto) y se perdió, pero de repente  se topó con una estación de metro o la estación de autobuses; estos son nodos de tránsito ayudan a re orientarnos cuando nos perdemos. El impacto visual de las estaciones de bicicletas es también grande para rodear las empresas y los lugares de interés, así como en la señalización y la identificación en los mapas, éstas suele poner de relieve los puntos de interés cercanos.

(Natalia Barrientos Barría, de Plataforma Urbana, Valparaíso, Chile)

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