León se sube a la bici

“¡Apague su auto y súbase a la bici!”, gritaron a coro varios ciclistas a los malhumorados conductores que desde sus carros no dejaban de tocar el claxon: “¡Disfruto tanto creando este pequeño caos!”, le dije a Casandra mientras pedaleábamos con calma a lo largo del López Mateos.

Con nosotras, otras 600 personas disfrutaron también de cerrar las calles de nuestra ciudad.

Un pequeño colectivo que comenzó reuniendo a unos diez amigos amantes de la bici se convirtió, en menos de tres años, en un movimiento ciudadano de concientización que cada semana busca adueñarse de la ciudad.

Y lo logra, bueno, lo logramos.

Hombres, mujeres, ancianos, niños, jóvenes. Cientos de personas nos damos cita cada miércoles en el Arco de la Calzada sin importar el calor, el frío o la lluvia.

La semana pasada no fue la excepción.

Eran las 7:50 y apenas se veían unas 150 personas en el lugar, “como que ahora somos muy poquitos, ¿no?”, dije a Paulo Campa, uno de los organizadores, “espérate, todavía es temprano, en diez minutos esto se duplica”.

Y tuvo razón. A las 8 de la noche ya éramos más de 400 personas y los tránsitos debieron cerrar el retorno entre el Arco y la Calzada para resguardar a los ciclistas que iban llegando.

Para las 8:10, hora a la que partió el grupo, ya se podían contar más de 500 bicicletas.

Viejas, nuevas, de ciudad, de montaña, dobles, con rueditas de apoyo, todas comenzaron a avanzar de a poco a lo largo de la calle Madero hasta llegar a Donato Guerra y de ahí hasta López Mateos.

En ese momento comenzó la diversión para nosotros, el caos para los automovilistas con que coincidimos.

Cerrar una de las principales vialidades de la ciudad no resulta fácil y rápidamente se forman largas colas de autos.

“En lugar de estar tocando el claxon deberían apagar el motor, no cuesta nada esperar 15-20 minutos”, me dijo Casandra mientras pedaleaba a bordo de la bicicleta que encontró en un bazar de antigüedades, “además, es sólo una vez a la semana”, le respondí.

Dimos vuelta por Campestre y llegamos hasta Hilario Medina. “¡Échale ganas, Elías!”, le grité a uno de los organizadores que inflaba con una bomba la llanta ponchada de un niño, “¡pero ya me cansé!”, bromeó.

Más adelante, una decena de niños se acercaron a la calle y gritaban porras, “¡chócala! ¡chócala!”, nos decían y extendían todos sus manitas para que, al pasar, sonaran las palmas.

Las rutas casi nunca son las mismas y a través de las redes sociales el colectivo “Ponte las Ruedas, Saca la Bici”, se organiza y da a conocer los recorridos semanales.

“Comenzamos como diez personas e invitábamos a amigos; en realidad era por pura diversión porque nos gusta andar en bici”, relató Erick Cisneros, uno de los iniciadores del colectivo.

Y es que, apenas en febrero de este año, se reunían un promedio de 250 personas cada miércoles. Para la primera semana de junio ya somos alrededor de 550 ciclistas, lo que significa que en menos de cuatro meses las visitas se duplicaron.

“Nuestra tirada no era que llegara tanta gente, en realidad jamás te lo imaginas cuando inicias algo así, pero es muy padre ver que cada vez son más personas”, completó Erick.

Aunque sabe que con más personas llega también más responsabilidad, Erick y sus compañeros del colectivo están comprometidos con hacer que el movimiento crezca.

“Es para enseñarles a todos que también los ciclistas tenemos el derecho de circular por la ciudad”.

“La idea”, dijo Paulo, otro integrante del colectivo a quien entrevisté mientras dábamos la vuelta al Forum Cultural, “es que podamos convivir y circular por las calles sin miedo de que los autos te avienten”.

“¡Hey, Elías! ¡Otra vez se me ponchó la llanta!”, escuchamos decir a un niño de unos 12 años que cargaba entre las manos la llanta sin aire y Elías, por segunda ocasión en la noche, detuvo su bici para reparar el daño.

Esa es precisamente una de las características de esas dos horas de recorrido: completos desconocidos pedalean en armonía y, de ser necesario, se ayudan cuando hay algún conflicto.

El miércoles pasado se rompió el récord de asistencia: se contaron 580 personas más aquellas que debieron irse antes de concluir.

Lo del miércoles, como cada semana, no fue una marcha de reclamo, tampoco una manifestación de inconformidad: fue una demostración de que las calles de León también están hechas para los que circulamos en dos ruedas.

Y como se dice por ahí: miércoles, te extrañé desde el jueves.

(Tomado del periódico AM)

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