Londres-París (parte 2)

El grupo se mantuvo compacto el mayor tiempo que pudo. La hermandad que se generó, los paisajes que vieron, las sensaciones que pasaron los hicieron más fuertes, se conocieron más, se probaron a sí mismos. Entraron a París, lloraron, fueron a la Torre Eiffel, se sintieron humanos y se pusieron sensibles. Al día siguiente pudieron ver la entrada de los competidores del Tour de France. Departieron con un esquelético Lance Armstrong (antes de la debacle, obviamente).

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