Mascarilla contra la contaminación

La apariencia de Hannibal Lecter es lo de menos. Lo importante es evitar la contaminación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Oso Oseguera*

 

La semana pasada te contaba qué es exactamente a lo que identificamos como contaminación: partículas microscópicas que dañan el organismo, que poco a poco va dando señales de fatiga y de la agresión del medio ambiente.

Para no depender de la vitamina A ni del líquido lubricante de fosas nasales, decidí probar otra opción. Una preventiva. Así que me puse en manos de Salvador González, ciclista, francófilo y conocedor de la materia (@respromask). Él me regaló un mascarilla que filtra micropartículas.

Debo confesar que cuando me la mostró me imaginé rodando por la ciudad y causando temor a mi paso. Y es que el aspecto es sin duda muy parecido al de Hannibal Lecter, el personaje que interpretó Anthony Hopkins en el Silencio de los inocentes, con su bozal para que no mordiera.

Me vale, dije. Me la puse las primeras veces con cierta pena, y en cuanto llegaba a un sitio antes que nada me la retiraba para no parecer rudo o hambriento. Hace 15 días que la uso y debo decir que mi nariz está en mejores condiciones y que puedo respirar, hablar, gritar, y platicar con alguien si llevo puesta la mascarilla.

Es más, ya me encontré a un par de ciclistas con una protección idéntica. Además de Salvador, claro está.

La mascarilla que uso es la Sportista, que ofrece protección contra micropartículas (filtro HEPA) sin sacrificar el desempeño y el confort. Gracias a sus válvulas POWA, el flujo de aire es optimizado. Su diseño ofrece gran comodidad de uso, aún en condiciones cálidas. Su filtro es conforme a la norma europea EN149FFP1(S) y puede ser usado en todo tipo de actividad al aire libre.

Los enemigos más temibles del hombre son también los más diminutos. Pero en las ciudades, no se trata solo de virus y bacterias patógenas. La mascarilla ayuda a evitar el contacto directo con diferentes gases: monóxido y dióxido de carbono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, metano y ozono, principalmente. Además, filtra polen, polvo y bicharajos minúsculos.

La mascarilla es fácil de colocar pues trae un ajustador velcro para fijarla a la cara. Es de neopreno, por lo tanto, se puede lavar regularmente. Los componentes (filtros que incorpora en cada lado) se pueden desmontar y enjuagar. Las válvulas permiten respirar con toda facilidad y, en mi caso, que uso lentes, no hay empañamiento.

Si de cuidar la salud se trata, más vale ser prevenido.

 

* El autor ya porta su mascarilla sin pena y con gloria. Se siente más seguro y le parece incluso interesante que en ciertos tramos de poco ruido pueda escuchar su respiración “filtrada”.

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