Metrópolis bicicleteras

Imagina un mercado de bírulas de 169.5 millones. Órale, ni en China.

Ahora que me he puesto a pensarlo, a lo largo de mis 40 años de vida he tenido seis bicis, poco más de una por cada década de vida, pero si solo tomo en cuenta a partir de los 10 años, en realidad son dos cada 10 años.
La primera fue una verde (1979), imitación chafísima de una Vagabundo que nunca llegué a tener; mi Magistroni Cross color rojo (1984), que fue la que más aventuras y experiencias me regaló; una Benotto de montaña color verde (1992), con la que fui y vine toda la Universidad y posteriormente cuando trabajé en Universum; una Benotto negra también de montaña (2001), que honestamente casi ni usé, una Turbo urbana (2010) que me robaron afuera de El Universal, donde trabajaba y, por último, la belleza negra de Alubike modelo Spicy, que rueda conmigo desde diciembre del año pasado.

¿Cuánto me he gastado en todas estas bicicletas? Ni idea, solo que las dos últimas me significaron un desembolso global de casi 15,000 pesos entre ambas. No hace mucho hablaba con Oso sobre los precios de las bicicletas y la relación directa que ya tienen en su calidad. Él y yo hemos visto bicicletas de más de 100,000 pesos, otras de poco más de 50,000 pesos y, por supuesto, que hay bicis de 2,500 pesos.

La cletas de ese precio son un riesgo y la neta no vale la pena comprarlas. Todas las piezas las traen de China y por tanto están hechas en ese país, aunque digan que las ensamblan aquí. La verdad si quieres tener una buena experiencia en este medio de transporte, métele una lana. ¿Me voy por una de más de 50 mil o de 100 mil pesos? Por supuesto que no, a menos que estés en posibilidades de hacerlo, cada quien sabe en qué se gasta su billete.

¿Vale la pena una bici de ese precio? No lo sé, porque nunca me he comprado ni me compraré una de ese valor. Algunas son de colección o están hechas con materiales usados en la industria aerospacial, pero básicamente hacen lo mismo: llevarte de aquí para allá sin contaminar.

Yo me decidí por una de precio medio-bajo porque me garantiza cierta calidad en las piezas (que son de metal y no de plástico), así como un cuadro ligero de aluminio y no de tubo de acero que haría que me fatigara más rápido y que no tienen ni por lejos la resistencia de carga que el aluminio.

Si el promedio de consumo de bicicletas fuera en México cuando menos de seis bicicletas a lo largo de tu vida (sin tomar en cuenta las que les compres a tus hijos en el futuro, por supuesto), y cuando menos el 25% de la población hiciera lo mismo, el tamaño de mercado de este país sería de 169.5 millones de birulas. ¡Órale, a que ni en China las han visto juntas!

¿Se imaginan si de pueblos pasáramos a ser un país de metrópolis bicicleteras? Sí, así, aunque nos suene gacho, la verdad sería un suceso chido. Sería genial que hacia 2025 México contara con todas esas bicis y que los viajes en las grandes ciudades se contaran por millones y millones diarios.

Ahí nos vemos, yo mientras me subo a mi bicla para pensar mi siguiente post.

* El autor no concibe la vida como digna de vivirse si no viaja en dos ruedas al menos tres veces por semana a donde sea necesario ir.

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