Niños y sus bicis nuevas

Si los Reyes Magos hicieron el favor de cumplir el deseo de llevar la bici hasta la casa del niño es momento de saber cómo enseñarle a pedalear. Muy importante, antes que subirse a la bici, es infundirle confianza, TODA la posible y disponible. Nunca sobrarán palabras para hacerlo sentir seguro y dominante del nuevo vehículo.

Luego viene el paso de conocer la bici. Que no se suba, que la tome del manubrio con ambas manos y que camine con ella varios metros. Que dé vuelta, que regrese, que frene, que entienda qué palancas debe accionar para operar la bici. Este paso le ayudará a entender cómo se mueve el manubrio y cómo gira la llanta. También sentirá el peso. Varias vueltas así ayudarán a familiarizarse con su nueva adquisición.

Luego se le enseña a subirse: avienta la pierna y pásala por encima del cuadro. Que aún no se siente. Estará su cuerpo sobre la bici, pero sin sentarse en el sillín. Es importante que aprenda a subirse y a bajarse antes de rodar. Parece obvio, pero no lo es. Que repita la acción de subir-bajar varias veces.

Y ahora sí viene lo bueno. Que se siente en el sillín. Ajústalo un poco bajo para que pueda tocar el piso con medio pie y que perciba cierta comodidad, pero no lo pongamos muy bajo porque puede acostumbrarse.

Este momento es el del equilibrio. Tiene que aprender a mantenerlo. Es una buena idea quitarle los pedales a la bici y que se siente y se impulse con las piernas para que sienta y domine el equilibrio. Esta etapa le enseñara a mantenerse en el sillín y mantenerse vertical sobre la bici. Dale tiempo, que aprenda, que ruede sin pedalear. Tú mismo sabrás en qué momento deberás ponerle los pedales.

Cuando ocurra esto será importante que estés cerca. Toma la bici del sillín y trata de dejarle el más tiempo posible toda la libertad del manubrio. En cuanto sientas que descuida el manubrio, tómalo y corrige. Correrás mientras él pedalea, serán varias horas para que aprenda a pedalear, ver al frente y mantener el equilibrio. Sé paciente.

Felicidades, serás un gran enseñante de rodar. El asunto de la confianza es vital. Sobre todo, si viene una inevitable caída. Tiene que saber que eso puede ocurrir, pero que no le pasará gran cosa.

Feliz año, feliz rodada, feliz enseña a ser más feliz a un niño.

* El autor no recuerda cómo aprendió a rodar. Tiene un vago recuerdo, muy nebuloso de cómo le enseñaron. Lo que sí recuerda es una caída, pero volvió al sillín de la Vagabundo con la rodilla sangrante y la sonrisa franca. Y así sigue.

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