Nunca es tarde para aprender

Nunca es tarde para aprender a rodar: basta quitarse el miedo, prejuicios y hallar una buena motivación.

Por Oso Oseguera*

Un buen amigo me confesó sin pena que no sabe andar en bici. Tiene casi 50 años y ganas de ir en bici de su casa al gimnasio y de ahí a la oficina. La distancia es corta, plana, ideal para la bici. Por razones de que la charla fue entre amigos omitiré su nombre y lo llamaré N.
N me contó cómo es que nunca aprendió. En la colonia donde transcurrió su infancia, a un amiguito de la cuadra lo atropelló un camión y lo mató. Ahg. La mamá de N tomó medidas drásticas: «Nada de bici aquí. Se moverán a pie o en transporte público».
Y aunque otros cuates le prestaban bicis, N no agarró práctica y no se sintió seducido por el manubrio y el pedal. Así transcurrió su vida hasta ahora, a sus casi 50.
Conciente y amante del ejercicio, N cree que la distancia de su casa al gimnasio y de casa a la oficina es plenamente ciclable. «Voy al gimnasio en carro», me dice N, ahora sí con pena.
Le recomendé que buscara a @teensenobici, un proyecto que aunque enseña a mujeres a rodar, quizá sepan de alguien que adiestre a adultos hombres. «Me voy a comprar una bici», me dice. Entiendo que me lo comenta con ganas de que lo asesore. Mi recomendación fue que NO la compre hasta que no aprenda a rodar. Le ofrecí mi bici para que aprenda, para que se caiga y se levante, para que desista y reemprenda. Le evito un gasto innecesario. «Ah, sí, claro», responde vagamente.
Le sugerí que empezara con el asiento bajo, de tal forma que le permita poner firmemente los pies en cuanto sienta que se cae, que iniciara en lugares tranquilos. Puso atención, aunque no sé qué tanta. Traté de no apabullarlo con consejos.
De pronto me dijo que cree que ya tiene la suficiente fuerza en los brazos para asir el manubrio.
— ¡¿Cómo!?, pero si no es de fuerza, es de seguridad, de equilibrio, de concentración. No hay que hacer ningún esfuerzo de más para tomar el manubrio, basta firmeza.
— ¿De veras?
— Sí, por eso es importante que empieces a rodar, que pruebes, que te habitúes al asiento, a medir distancias de frenado, entre otros.
— Va, te aviso cómo avanzo.
¿Alguien sabe de un proyecto que enseñe a adultos hombres a andar en bici? Ahí les encargo ( oso@diarioenbici.com) porque nunca es tarde para empezar a rodar.

* El autor también se reencontró tarde en su vida con la bici, pero le ha metido pasión y pedal para reponer los años de no rodamiento. Cada pedaleada le devuelve minutos de felicidad arrumbados en algún sillón o silla.

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