Pedalea en zona sagrada

Rueda por los parajes del Nevado de Toluca y las calles empedradas de Valle de Bravo.

Después de pedalear ocho kilómetros cuesta arriba, se han alcanzado 3 mil 650 metros de altura. Las veredas del Parque Nacional Nevado de Toluca se muestran resbalosas por la nieve que cubre parte del volcán Xinantécatl, el punto más alto del Estado de México.

Desde el mirador de Las Cruces inicia el descenso sobre la bicicleta de montaña hasta llegar a Corral de Piedras. En el valle, las llantas se deslizan sobre la alfombra verde de pasto. Los humanos entran a territorio de caballos salvajes que ya quisieran las cigarreras utilizar para sus comerciales. Los potros blancos, cafés y marrones galopan de un lado a otro.

Dos horas de recorrido constante merecen un descanso.

La caravana de ciclistas aprovecha para fotografiar lagunas de agua fría y cristalina. Fueron sitios de culto religioso, cuando los habitantes del valle de Toluca llevaban a cabo sacrificios humanos en honor a Tláloc y a Ixtlacoliuhqui, señor del frío y hielo. Si guardas silencio hasta puedes escuchar el «croac» de los sapos que viven en las lagunas.

La travesía continúa con dirección oeste, la meta es Valle de Bravo. El descenso ahora es por terracería. Pedalean cuatro kilómetros por el fondo de una cañada librando piedras, raíces y zanjas; varios kilómetros después se entronca con Almanalco de Becerra y cruzan el arroyo de los Hoyos. Para desentumecer las piernas hay que bajar de la bicicleta y caminar por la orilla de la carretera. Este recorrido exige condición física, pues son ocho horas las que se pedalean, aproximadamente, para cubrir una ruta de 50 kilómetros.

Los guías que dirigen la expedición saben que han llegado a Avándaro porque la vegetación cambia bruscamente. El camino de terracería ahora se cubre de coníferas y la civilización aparece en casitas de campaña instaladas sobre las lomitas del valle. Algunos pinos forman veredas que permiten maniobrar en zigzag. Los más experimentados en bicicleta de montaña aprovechan las bajadas para hacer piruetas.

Al entrar al pueblo, los cachetes vibran con el camino empedrado. Cuarenta minutos y la caravana llega una vez más a la carretera que los lleva a Valle de Bravo.

A lo lejos se escuchan los go-carts corriendo a toda velocidad, en el cielo se ven los parapentes volando y, desde una loma, la presa en color esmeralda de Valle, donde los veleros se pasean. Pero esto acaba hasta llegar a la parroquia de San Francisco de Asís. Entonces ya podrán sentirse felices. No falta el que le reza al Cristo Negro y le deja sus guantes, rodilleras, casco o lentes de sol que deben portar durante todo el recorrido, en agradecimiento por finalizar la ruta.

El reto personal se celebra comiendo pizzas y bebiendo mezcales en el centro histórico. Las experiencias y frustraciones de la travesía salen en la plática. Los guías comparten su experiencia y dan consejos a cada uno de los participantes de acuerdo a su desempeño durante la expedición.

Al caer la noche, los ciclistas emprenden el camino a casa. El transporte corre por su cuenta.

Pueden optar por pasar la noche en alguno de los hotelitos del pueblo o esperar el siguiente día para emprender otra rodada.

Esta ruta también está disponible en versión nocturna, partiendo desde el cerro de Las Cruces.

QUIÉN TE LLEVA

Diversión en Montaña. Inscríbete en su página de internet y ellos se pondrán en contacto contigo, vía mail para detallar precios. Éste dependerá del número de personas que emprendan la expedición.www.diversionenmontana.com.mx

(Por Viridiana Ramírez, de El Universal)

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