Periodistas y ciclistas del pasado

Una hoja-volante del impresor Antonio Vanegas Arroyo con “calaveras” de su autoría y dibujos de José Guadalupe Posada dan cuenta de los inicios de la bici a finales del siglo XIX.

Por Oso Oseguera*

El impresor popular Antonio Vanegas Arroyo (1850-1917), quien tuvo a su servicio al grabador José Guadalupe Posada (1852-1913), autor de la calavera La Catrina, publicó esta hoja-volante con calaveras montadas en bicis y con alusiones directas a periódicos y periodistas.

“Antonio Vanegas Arroyo tiene un lugar relevante para la historia de México porque, primero, fue uno de los impresores más destacados de hojas-volantes –una especie de periódico del día– de finales del siglo XIX y principios del XX, ya que cubrió parte de la Revolución con corridos, crónicas y grabados de los héroes cuando no se conocía completamente la imagen”, explica Maritere Espinosa, conservadora del legado del impresor.

Asimismo, fue “un gran promotor de dos importantes grabadores del siglo pasado: Manuel Manilla (1830-1890) –quien también trabajó un tiempo para Vanegas Arroyo– y Posada, que todavía no eran artistas, sino simplemente trabajadores del grabado, ya que ilustraban las hojas volantes. Fue Diego Rivera quien los recuperó”.

En la casa de los Vanegas Arroyo, construida en 1896 y con estatus de monumento histórico a partir de 1983, se concentra el legado. Como esa vivienda, donde funcionaba –y aún funciona– la imprenta, resultó muy dañada en el terremoto de 1985, aunado a la muerte en 2001 de Arsacio, gran promotor de su abuelo y de Posada, quedó un poco en el olvido colectivo.

Las ideas de Posada eran de clara índole progresista y, al servicio de éstas, dibujó caricaturas y bocetos satíricos consagrados, en general, a elaborar una crónica de la vida mexicana de la época o a poner de relieve los sufrimientos de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes. Las sátiras de los políticos más influyentes de la época le costaron la cárcel en más de una ocasión. El gran número de encargos que se amontonaban en su taller le obligó a crear una técnica nueva, el grabado al ácido en relieve, mucho más rápida.

Su extensa producción gráfica, estimada en más de 20,000 grabados, realizados en litografía o planchas de metal, podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.

Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres «calaveras» o imágenes de ultratumba; los «desastres», que comprenden catástrofes de tipo natural (inundaciones, epidemias, sucesos astronómicos, nacimientos de seres monstruosos), accidentes, hechos sobrenaturales, crímenes y suicidios; los «ejemplos» o lecciones morales que pueden extraerse ante la perversidad y bestialidad humanas; sucesos sociales y políticos, donde sobresalen las viñetas referidas a las ejecuciones y los «corridos» revolucionarios; los milagros religiosos; la serie denominada Don Chepito, que narra las desventuras de un solterón ridículo, una especie de antihéroe; así como las imágenes captadas de la vida cotidiana con inigualable precisión e intención certera.

* El autor no dibuja nada, pero tiene en alta estima los dibujos y grabados de Posada y las calaveras. Y aunque el pasado Día de Muertos no rodó/ el autor improvisó un disfraz de Picachú,/ a sus sobrinos –conocedores– no convenció/ y del manubrio lo llevaron al infierno en Paisandú.

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