¿Por qué odias a los ciclistas?

Soy un accidente con piernas que solo espera a suceder.

En parte debido a idiotas como yo. Pero es, sobre todo, tu mente propia mente ilógica. Este artículo apareció publicado en la revista electrónica Slate y lo traducimos.

Por Jim Saksa

Soy un ciclista idiota. Yo soy tan idiota zigzagueando en el tráfico, yendo en dirección contraria por una calle de un solo sentido, y dando vuelta a la izquierda cuando está el semáforo en rojo. Soy realmente una amenaza en el camino.

Pero no es porque esté sobre una bici. Soy un idiota en el camino, no importa en que medio me transporte. También soy un estereotipo del conductor de grandes ciudades, alguien que no observa los límites de velocidad y le parece que todo mundo conduce como “abuelito”. Y así soy de malo también como peatón, otro zombie inteligente que camina solo viendo la iluminada pantalla del celular. Soy un accidente con piernas que solo espera a suceder.

Andar en bicicleta es mi principal medio de transporte, por lo que cuando alguien difama a los ciclistas, me siento particularmente malo. El hecho es que, a diferencia de mí, los ciclistas son amables, seguros, respetuosos de la ley y de otros ciudadanos que están dispuestos a compartir el asfalto. La Coalición de Ciclistas de la Zona Metropolitana de Filadelfia ha estudiado los hábitos en algunas de las calles más concurridas de Philly, utilizando algunos indicadores un poco rudos para medir la estupidez de los ciclistas: contar el número de veces que se montaban en las aceras o iban en sentido contrario en calles de un solo sentido. El promedio de toda la ciudad en 2010 fue de 13% para las aceras y 1% para las calles de un solo sentido en 12 localidades, al pasar del 24% y 3% en 2006. No hay ninguna razón para creer que Filadelfia tiene particularmente respeto por los ciclistas no somos conocidos como una ciudad conocida por respeto, y nuestro desprecio por las leyes de tránsito es reconocido a nivel nacional. Tal vez la respuesta más simple es: los ciclistas son cada vez menos agresivos.

Un estudio reciente realizado por investigadores de Rutgers y Virginia Tech apoyan esta hipótesis. Los datos de nueve grandes ciudades norteamericanas mostraron que, a pesar de que el número total de viajes en bicicleta se triplicaron entre 1977 y 2009, las muertes por cada 10 millones de viajes en bicicleta se redujeron en 65%. Mientras que un número de factores contribuyen a las tener tasas más bajas, incluyendo el uso de casco y el aumento de más bici carriles, también ayudo que los ciclistas fueran menos agresivos.

A pesar de estas estadísticas, muchos conductores asumen que todos los ciclistas son idiotas como yo. Al hacerlo, estos conductores están generando una falacia inductiva, no muy distinto a decir: “Por supuesto que me ganó en el básquetbol, es asiático como Jeremy Lin y Yao Ming”. Ahora, puedes creer que has visto más de uno o dos ciclistas suicidas en tu día –y que estas cucarachas en dos ruedas son una plaga que está prácticamente rogando ser aplastada–.

En primer lugar, esto es inquietantemente violento. En segundo lugar, la estimación del número de ciclistas imbéciles y el grado de su estupidez está sesgada por lo que los economistas conductuales, como Daniel Kahneman, llaman la heurística del afecto, que es una forma elegante de decir que las personas hacen juicios por basarse en sus emociones en lugar de en la lógica.

La heurística del afecto explica cómo nuestras mentes toman una difícil cuestión (que requeriría una lógica rigurosa para responder) y la sustituye por una más fácil. Cuando nuestras emociones se involucran, saltamos a conclusiones preexistentes en lugar de hacer el esfuerzo mental de pensar en una respuesta a la medida. Cuando se trata de ciclistas, una vez que algún payaso en dos ruedas casi se mata contra tu coche, con furia decides que los ciclistas son unos idiotas, y esta conclusión será difícil de doblegar, independientemente de los hechos, estadísticas, datos y argumentos que contra argumenten.

Si eres un conductor citadino, sin duda ya has sido asustado casi al borde del colapso o paro cardiaco por algún maniaco de la bici que se atravesó en tu camino como una rana en su fixie (si esas bicis coloridas, con ruedas llamativas y sin cambios, sí, sí, de hipster trendy –valga el pleonasmo–. Nota del traductor). Tales acontecimientos, cargados de emoción, destacan mucho más en la memoria asociativa que los sucesos mundanos, como un ciclista en paz al lado de tu vehículo. La heurística del afecto está compuesta por ideas negativas, malos momentos que predominan sobre los buenos. Esto te hace sobreestimar la cantidad y la gravedad de los acontecimientos perturbadores.

¿No me crees? Bueno, te preguntarás: ¿qué causa más muertes: los choques o todos los accidentes juntos? ¿Los tornados o el asma? La mayoría de las personas dicen que los accidentes y los tornados, y la mayoría de la gente se equivoca. En su libro Piensa, Rápido y Lento, Kahneman pregunta al lector las mismas cuestiones antes de revelar, “los choques causan casi el doble de muertes que todos los accidentes combinados, pero 80% de los encuestados consideró a la muerte accidental con baja probabilidad. Los tornados fueron vistos como asesinos más frecuentes que el asma, aunque esta última cauce 20 veces más muertes.

Por otra parte, el ciclismo como medio principal de transporte -no estoy hablando de ciclistas ocasionales de fin de semana- es un concepto extraño para muchos conductores, haciéndolos más sensibles a percibir las diferencias entre ellos mismos y los ciclistas. La gente hace esto todo el tiempo, hacen falsas conexiones entre las características distintivas como la geografía, la raza, la religión y las cualidades de las personas como seres humanos. A veces es benigna («los mormones son muy educados»), a veces menos buenas («los republicanos odian a los pobres»). Pero en este caso, es una calle de sentido único: aunque la mayoría de los estadunidenses no circulan en bicicleta, los ciclistas son menos propensos a estereotipar a los conductores porque la mayoría de nosotros también conducimos. La “otredad” de los ciclistas –los idiotas, pues– los hace destacar, y esto ayuda al conductor a fijar sus conclusiones negativas. Esta es también la razón de porqué los sentimientos contra “los taxistas son horribles”, pero no escuchamos a menudo a alguien decir “todos los conductores son una calamidad”. A las personas no les gusta agruparse a sí mismos en algún grupo del que estén haciendo conclusiones negativas, así que inconscientemente buscan una característica distintiva en primer lugar.

Cada vez que alguien dice algo malo de otro ciclista, la heurística del afecto se activa para reforzar los prejuicios preconcebidos. Lo mismo nos sucede a la inversa: la convicción de que los ciclistas se mueven errática y peligrosamente no se ve disminuida por la observancia repetida de una conducción segura y respetuosa. Los hechos y argumentos lógicos que no se ajustan a la conclusión emocional se descuentan o son ignorados. Pero no estamos condenados a nuestros prejuicios iniciales: una vez que alguien es conciente de sus prejuicios, es más capaz de participar en procesos racionales de pensamiento para superar la heurística del afecto y disipar sus conclusiones inexactas. Por lo tanto, estudien esas estadísticas, enemigos de los ciclistas.

Como muestran los estudios, más y más personas están cambiando sus pases de estacionamiento por candados para bicicletas. A la luz de estas cifras, es alentador saber que el número de víctimas mortales por cada viaje en bicicleta ha disminuido en Filadelfia, Nueva York y otros lugares. Eso me hace pensar que estos nuevos amantes del ciclismo ruedan menos agresivamente que la vanguardia antigua de ciclistas urbanos, de mensajeros en bicicleta y de aspirantes al Tour de France. Si las tendencias actuales continúan, veremos ciclistas idiotas como yo convertidos en una minoría aún más pequeña. Y algunos de nosotros estamos tratando de mejorar. He reconocido que mi mal comportamiento impide que otros rueden, y mantiene a los políticos dudosos de invertir en infraestructura que importan, como en más bici carriles. Así que he dejado de rodar en las aceras y he mantenido mis vueltas a la izquierda ilegales al mínimo. Pero he sido un idiota por mucho tiempo. Así que, déjenme decirles esto a los conductores, peatones, ciclistas y mis compañeros por igual: lo siento. Ves, ¿no son los ciclistas los mejores, los más amables en todo el mundo?

(Slate Magazine)

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