Por qué usar mascarilla

Guantes, casco, banda para sujetar el pantalón, lentes y ahora una mascarilla contra la contaminación. ¿No es demasiado? Quizá, pero tu salud, pulmones y sistema respiratorio lo valen.

Es incómoda, acalora y empaña los lentes… sí. A cambio, filtra el aire contaminado, las partículas milimétricas y te protege de que se te reseque la nariz o incluso te sangre. Hay varios tipos de mascarillas, las que parecen de Hannibal Lecter y las tipo paliacate.

La mejor es la tipo Hannibal Lecter: incluye una naricera metálica que se ajusta a tus proporciones y sella mejor en el rostro. Se ajusta por la parte posterior con velcro y posee dos orificios laterales donde yacen los filtros de carbón activo. Estos se pueden lavar de vez en vez y así los mantienes en buen estado. Estos te ayudan a filtrar los humos asociados al tráfico.

El filtro blanco que está en el interior de la mascarilla no se lava, se cambia una vez que lo vez amarillento y manchado. En la ciudad de México eso ocurre, si ruedas diario, cada dos meses. Este filtro detiene partículas como el polvo y el polen: ideal para ciclistas alérgicos o con problemas respiratorios.

Si te sofocas y tienes que jalar mucho aire la mascarilla no ayuda nada, pero eso querrá decir que debes mejorar tu condición física y alejarte todavía más de los cigarros. Si por el contrario tienes buena condición, no se te dificultará mucho respirar con el adminículo puesto.

En días fríos, la mascarilla es doblemente benévola. Primero porque esos días la contaminación tarda en dispersarse y dos, te filtra el aire para que respires aire menos frío.

Es fácil de quitar, basta que la jales un poco hacia el frente y la empujes hacia abajo. Así lo podrás llevar como bufanda por un rato. De hecho, cuando la llevas puesta puedes hablar y se te escucha perfectamente, no es precisamente un bozal que impide la comunicación.

Si ruedas largos trayectos, y dado que la mascarilla se ajusta arribita de la nuca, se moja de sudor. Afortunadamente el material (neopreno) es de secado rápido. Así que cuando salgas de tu cita o trabajo, probablemente ya esté sin humedad.

La mascarilla es ligera y no ocupa gran espacio, cubre tu nariz y boca. El aspecto que adquieres con la mascarilla puesta es de temer. Esta es una característica, sin duda, muy buena para amedrentar automovilistas muy “salsas”.

El desempeño de la mascarilla en el tráfico pesado es excelente, permite una cómoda respiración mientras vas rebasando microbuseros que te rocían humo negro. La protección tiene diferentes tamaños.

* El autor rueda con una mascarilla tipo Hannibal Lecter. Usa guantes, lentes oscuros de mosca y encima, a veces, se pone un buff. Se ve al espejo y es intimidante. Buen síntoma contra los automovilistas chocarreros.

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