Un oficio que se niega a morir ante la tecnología

Cartero-en-bici

Sin duda el cartero ha sido un ciclista incansable. Pero ya no más. En México dejaron de andar a pie y en bici para montar un motocicleta. No todos, claro está, pero una gran mayoría. Ayer fue el Día del Cartero y felicitamos a estos andarines de la Ciudad de México.
Son hombres y mujeres que se resisten a desaparecer ante el avance de la tecnología. Por el contrario, se ajustan a ésta y quieren continuar dando pasos adelante. Se trata de un ejército de poco más de 10 mil 200 personas de diferentes generaciones que entregan diariamente unos tres millones de piezas con una cobertura de 94% del territorio nacional.
Estos carteros, que hoy celebran su día, llegan a entregar paquetes, revistas, y cartas con buenas y malas noticias para aproximadamente 105 millones de personas, de acuerdo con las cifras de Correos de México.
Atrás quedaron, para muchos de este ejército, las largas caminatas con la valija de cuero al hombro. Cientos ahora han dejado «el golpe de calcetín» para montarse en una moto con el fin de eficientar su trabajo.
Son muchas cosas las que han cambiado básicamente en lo que va de este siglo, pero no así la calidez y amor por este oficio en el que se convierten en profesionales y en el que para muchos se trata de un trabajo que han ejercido sus abuelos, padres y hermanos, que los integra en una familia de carteros, y quienes no están en esta situación hacen de sus centros de trabajo su segundo hogar, su segunda familia.
Como José David Pinceno Macías, quien comenzó a los 20 años en este oficio y hoy tiene 34 años de antigüedad. O como Luz María Ramírez, con cinco años dedicándose a entregar paquetes y sobres.
Son dos visiones, dos generaciones distintas que al final del día coinciden en que se entregan a este servicio social de llevar a casas, oficinas o negocios algo que puede ser de gran relevancia para quien lo envió y quien lo recibe.
Alejandro Hernández y Leticia Sevilla, quien confiesa que le fue difícil aprender a conducir una moto, son otros dos carteros que comparten no sólo la oficina donde están otros compañeros que no salen a la calle, pero que su labor también es fundamental y que persiguen el mismo objetivo.
«El cartero es el elemento más importante que tiene Correos de México. Es la persona que conoce todos los domicilios del país y entrega todo lo que los clientes nos entregan a nosotros, ya sea en papel o paquetería y mesajería.
«Siempre ha tenido un papel relevante. Es uno de los servidores públicos más preponderantes de las comunidades. Su función es cada vez más importante en la medida que los individuos se comunican, al hacer intercambios de paquetería y de bienes, no sólo nacionales, sino internacionales. Es gente que se entrega a su trabajo», concreta Rafael Couttolenc Guemez, director de Logística de Correos de México.
Su segunda casa
Un ejemplo de estos trabajadores es José David Pinceno, quien recuerda: «A la edad de 20 años llegué a esta oficina (en Lomas de Chapultepec) como todo chamaco, con ganas de trabajar y hacer algo. Me dieron oportunidad de entrar al Servicio Postal Mexicano y he tenido muchas satisfacciones. De hecho, siento que el correo es mi segunda casa, porque la mayor parte del día, la mayor parte de mi vida aquí la he pasado, haciendo mi labor con mucho gusto, por eso tengo 34 años de servicio».
José David, quien tiene tres hijos varones, comenta con orgullo que el mayor de éstos también trabaja en Correos de México, como lo hizo su padre y lo han hecho hermanos, quienes al igual que él les gusta llevar la correspondencia.
«Lo que más me gusta es repartir, porque, obviamente, en la calle repartiendo tiene uno muchas satisfacciones, vivencias, muchas alegrías. Esto se convierte en parte de uno, vive uno cosas bonitas, platicamos con la gente que espera algún envío o paquete.
«Por eso me gusta mucho mi trabajo, porque hay una comunicación con la comunidad, y ésa es una de las satisfacciones que tengo, por eso me gusta hacer mi trabajo. Se hacen amistades, conoce uno a muchas personas: al chofer, al policía,al barrendero, infinidad de gente que trabaja en esta zona. Nos saludamos y ésas son las amistades».
Esa característica la destaca también Alejandro Cervantes Martínez, quien a sus 45 años de edad, tiene 26 dedicado a esta actividad en la que le enorgullece llevar buenas noticias y comunicación a la gente.
Recuerda que en alguna ocasión una señora lo paró para decirle que le quería dar una recompensa. «Ella tenía tres pesos y me dijo que iban a ser para sus tortillas, pero que prefería dármelos en agradecimiento a que le llevé cartas de sus hijos que vivían en el extranjero», platicó Alejandro Cervantes, quien resalta los cambios que ha habido durante los años que ha trabajado.
«Antes andaba a pie o en bicicleta, hoy hay motocicletas. Ha habido cambios, por ejemplo, en infraestructura, porque se ha modernizado, contamos con computadoras para rastrear las cartas que llegan registradas, todas son de importancia y la gente nos confía sus cosas para que puedan ser llevadas y recibidas bien. Hoy usamos un escáner con el que registramos todas las piezas, y con éste la gente puede tener mayor confianza de que les llegue su correspondencia. Con ese escáner hay un control para verificar lo que llegó o lo que no ha llegado. Vemos otro avance en que los centros de distribución masiva se han modernizado siempre».
Esto lo resalta Rafael Couttolenc, quien precisa que esta modernidad y adecuación a los avances tecnológicos se llevan a todo el sistema de Correos de México, que cuenta con casi mil 400 oficinas en todo el país.
«Tenemos un muy buen servicio dentro de lo que es el correo, a través del cual se manejan anualmente unos 900 millones de piezas. Sin embargo, esta tendencia de querer ser cada día más rápidos nos pega a nosotros en querer reducir los tiempos en los que queremos llegar a la población, y trabajamos en recortar nuestros tiempos de tránsito. Se invierte muy fuerte en transportación, diseños logísticos, o en esquemas operacionales, en una actividad, la de los carteros, en la cual participan cada vez más mujeres».
Una de ellas, Luz María Ramírez, quien lleva cinco años de trabajo, manifiesta que no coincide con quienes dicen que los carteros van a desaparecer. «Siempre habrá alguien a quien entregarle una carta», destaca la mujer de 39 años, quien señala que diario entrega entre 800 y 900 piezas. Unos 40 kilogramos, que se incrementan a más de 60 en esta temporada de fin de año que está por comenzar.
El trabajo sólo era para hombres
Luz María, quien es madre soltera, sostiene que se preserva la calidez de los carteros. El ser mujer no señala diferencias con lo que realizan los varones, aunque reconoce: «Me felicitan mucho por ser mujer y tener el valor de andar en la moto en esta profesión que hace mucho era de hombres».
Para Leticia Sevilla fue difícil andar en moto. Un accidente que vio de niña la dejó impactada y con temor a subirse a una moto, pero el cariño a su trabajo la hicieron aprender a andar en las conflictivas calles de la Ciudad de México.
«No sabía manejar, empecé caminando, me aventé tres años caminando y para trasladarme era muy difícil. Me costó mucho aprender, me caí no sé cuántas veces, pero gracias a Dios aprendí y ahora ando repartiendo felizmente.
«Y me gusta más ahora andar en la moto, es mejor, pues aparte de que es más rápido, no es tan cansado, no es tan complicado. Que tiene sus riesgos, como todo, porque también me he llevado sustos, pero vamos bien».
Para los carteros, la actividad siempre tendrá relevancia en la vida de las personas, y con la comunicación como base, ellos participan en este proceso, en la profesión que quieren y que sostienen que no va a desaparecer.
(Por Julián Sánchez, de El Universal)

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