Un paseo por la historia… en bici

Vino la aurora, hija de la mañana, alumbró el Museo de Antropología y un grupo de bicitekas llegó a poner orden. Traían bermudas, cascos y lycra en los brazos.

A las nueve de la mañana había ya 200 personas en la fila del primer recorrido en bicicleta organizado por el INAH.

«Aceptamos a 140 pero como 200 se quedaron fuera», dijo una señorita mientras repartía una playera y un paliacate a los participantes.

Así que los bicitekas, que nacieron como tribu hace 15 años y que emigraron hacia el Centro Histórico, convirtiéndose en Asociación civil, cuidaron el recorrido que comenzó luego de una visita a la Sala Mexica.

Frente a la Piedra del Sol, oyeron que al inicio del mundo Quetzalcóatl fue al inframundo, tomó el polvo de los huesos y con el polvo y la tierra se hizo a los nuevos hombres.

Luego los bicitekas, que para entonces ya eran todos, salieron del museo.

Partieron hacia Tlatelolco entre chirimías de los voladores de Papantla, campanillas, vendedores ambulantes y una que otra cámara de televisión.

«Ver, pedalear y avanzar es lo más importante en la vida», dijo Paulina, una joven abogada.

¿Le gustó el recorrido?

«Sí, mucho, aunque fue muy rápida la visita al museo», dijo.

El grupo salió de la calle de Gandhi. El participante de mayor edad habrá sido don Justo, un impresor jubilado de 80 años y el más chico, un niño de seis.

Los de la asociación civil bloquearon algunas calles y cuidaron que nadie se rezagara.

Iba un matrimonio en una bici doble, iban también obreros, universitarios y publicistas.

A punto de cruzar Circuito, sucedió la única ponchadura del día y todo el grupo se detuvo.

«Debemos ser como un tráiler -decían los organizadores- si somos uno solo no nos pasará nada».

Algo tiene la bicicleta que ayuda a hablar.

«La bici te enfoca en otra cosa, eres más atento, además se puede decir que quienes vamos aquí pensamos parecido sobre la ciudad, tener un contacto más físico con el ambiente, dejar de contaminar, creo que sentimos que eso nos une», dijo Gabriela Manjarrez.

Ella empezó a usar la bicicleta después de una separación.

Ahora trabaja en una empresa de mensajería; lleva desde papeles hasta 100 litros de sidra. En medio hay perros, pájaros, flores, globos y cervezas.

El grupo se incorporó a Reforma a la altura de la Diana, se mezcló por momentos con cientos de paseantes.

Al moverse se oía el roce recurrente de las llantas, las campanillas y las risas.

Alguien recuerda ese cuento, La noche boca arriba, de Cortázar donde un hombre en bicicleta se estrella y sueña en la sala de operaciones con que está en Tenochtitlan, sobre la Piedra de Sol. Al final, descubre que el sueño no es estar en Tenochtitlán. Van a sacarle el corazón.

Otro dice que el cuento de Cortázar no es exactamente así, no era una bicicleta sino una moto, pero para el caso da igual.

Llegaron ya a Tlatelolco. Van al Museo del Tecpan y luego a la zona de pirámides.

Pasan de la una de la tarde. El sol quema. Se dan teléfonos, correos, la cuenta del face.

La visita ha terminado, la gente se comienza a dispersar.

Primero de cuatro

El recorrido de ayer denominado «Al INAH en Bici. Paseos por tu patrimonio» fue el primero de cuatro que el Instituto Nacional de Antropología e Historia espera realizar cada año.

La intención es vincular a los jóvenes, sobre todo, con el patrimonio histórico y arqueológico.

Ayer quedaron inaugurados también los biciestacionamientos en el Museo de Antropología y en la Zona Arqueológica de Tlatelolco.

Los informes para los siguientes recorridos se darán a través de Facebook en la cuenta con el usuario «Sce INAH».

(Por Jorge Ricardo, de Reforma)

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